lunes, 2 de mayo de 2011

Días de radio

No sé por qué le pusieron “Rayo”. Quizá no hubo un motivo especial. Fue en el comienzo, por 1990, cuando Yanacocha aún no se llamaba Yanacocha y la mina aún no era una mina. El estuvo entre los primeros trabajadores de ese proyecto que años más tarde se convertiría en una empresa magnífica: la mina de oro más grande de Sudamérica.

Todos teníamos apelativo en ese entonces. El mío era “Mae Víctor” y otro que recuerdo, por lo pegajoso, era el de José Quiroga, “LQ”: Loco Quiroga. Así lo llamábamos desde que se descolgó por un precipicio del cerro Carachugo, con una máquina perforadora en la mano, para tomar una muestra de roca. Nadie se libraba, geólogos y gerentes, a todos se les asignaba un apodo de seguridad en el momento de incorporarse al proyecto mientras nos transformábamos, lenta y apresuradamente a la vez, en una gran operación minera.

Viéndolo ahora es difícil imaginar cómo fueron esos años. Basta decir que en aquella época muy pocos aceptaban trabajar con nosotros. ¿Por qué? Porque el viaje a la zona de trabajo, que tomaba más de dos horas desde la Plaza de Armas, era un tormento. Íbamos saltando dentro del vehículo por los encalaminados del terreno en época seca y nos quedábamos atascados en las trochas de barro durante las temporadas de lluvia.

Porque subíamos los domingos por la mañana, para no bajar hasta el viernes o el sábado siguiente si el clima lo permitía. A veces teníamos que permanecer arriba hasta quince días seguidos. Ya no son frecuentes, como antes, esas lluvias colosales que no paraban durante días enteros, ni las neblinas espesas que nos obligan a detenernos a la mitad de una colina porque no se veía a cinco metros. Ni ocurren esas granizadas de miedo que en pocos minutos volvían de hielo los malos caminos y los cerros.

Porque cuando las trochas se volvían imposibles para las camionetas, nuestros compañeros geólogos, acostumbrados a recias caminatas por el campo y las lomas, bajaban a pie durante horas por “la verana” que era la ruta contraria, desde el cerro San José hasta llegar “al cerrillo”, atrás del aeropuerto; sólo para hablar por teléfono algunos minutos con la familia que estaba lejos, en otra parte del país, y calentar los huesos en esas benditas aguas termales de los Baños.

Porque el congelador de alimentos era el medio ambiente y la única tecnología de punta en la cocina era el enorme cuchillo de matarife que el “Chino” Carlos Sánchez, nuestro buen cocinero, manejaba con la maestría de un chef de sushi. El campamento era eso: un campamento. Primero con carpas y después con paredes de tapial por donde se colaba el viento helado de la puna para enfriarte la sangre y los huesos; y porque el frío más intenso no era ese sino el no saber de tu familia en toda una semana. En aquellos años no existía la Internet y los celulares eran ciencia ficción.

Nuestra primera oficina, en el jirón Pachacutec de Baños del Inca, un local llamado la “Casa del Zoilo”, porque ese era el nombre del dueño y de su restaurante de pescados y mariscos que funcionó antes en el lugar, tenía un teléfono de baquelita negra al que había que darle cuerda para comunicarnos con la central que quedaba frente a los baños termales. Desde allí la operadora se comunicaba con la oficina de la Compañía de Teléfonos en el centro de la ciudad y recién entonces podíamos hablar con Cajamarca o con Lima.

Quizá por esto último precisamente, porque no teníamos teléfonos en el proyecto, es que nuestro compañero Manolo Castañeda, “Rayo”, se hizo tan necesario, querido y popular: él era el hombre de la radio. Nuestra única forma de comunicación. Manolo transmitía las órdenes, las instrucciones y los mensajes, de ida y vuelta, a todos los trabajadores en toda el área de la exploración y la oficina de Baños. Lo hacía desde una cabina unipersonal de madera y vidrio, de dos metros por dos, a tres mil ochocientos metros de altura, en pleno descampado, durante jornadas que excedían largamente el horario formal. No vivíamos para trabajar, vivíamos trabajando que no era igual.

Manolo, a través de la radio, era la única compañía y posibilidad de auxilio durante los viajes de ida y vuelta en solitario al campamento. Había zonas muertas donde perdíamos comunicación con él y quedábamos a nuestra suerte en esos caminos por donde sólo transitaban los duendes. Tampoco escuchábamos música porque la señal de las emisoras alcanzaba mal sólo los límites de la ciudad. Eran de antología las divertidas discusiones por radio -que por supuesto también las había- en las que se enfrascaban, de cuando en cuando, Manolo y el tío Pepo, Napoleón Portal, el chofer oficial del proyecto. Siempre las zanjaba este último con un: “Ya Rayito, cálmate, hablamos después”.

Manolo se retiró de Yanacocha hace tres años. Siguió siendo bañosino porque ese era su barrio de toda la vida. Su voz, lamentablemente, se apagó para siempre el pasado sábado 23 de abril. Nuestro recordado “Rayo” falleció de un infarto al corazón mientras dormía. Como dicen, los amigos vivirán por siempre en nuestra memoria. “Rayo” vivirá por siempre, también, en esos ecos del corazón que aún rebotan los mensajes de radio entre los que compartimos la vida y la aventura de aquellos buenos años.

Querido “Rayo”, descansa en paz… cambio y fuera.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Una "caricia" laboral



Cuando recibí la invitación a la ceremonia de Premiación al Trabajador Destacado del 2010 me sentí, guardando las distancias, como dicen que se sintió Mario Vargas Llosa al enterarse de que le habían otorgado el Premio Nobel de Literatura: “gratamente sorprendido”. Si él se sintió así, fue probablemente porque todos los años, ya fuera nominado formalmente por la academia sueca o informalmente por sus millones de lectores, inexplicablemente, nunca le concedieron el premio a pesar de ser un novelista extraordinario. Yo, en cambio, no esperaba el reconocimiento especial de mi empresa porque no creo tener merito alguno, mayor que cualquiera de mis tres mil compañeros de trabajo, para merecer la distinción.


Es cierto, todos los que trabajamos en Yanacocha, contratistas incluidos, sabemos lo que nos cuesta producir una onza de oro. Está para contarlo el personal administrativo. Aunque muchos siguen laborando en la operación, la mayor parte tiene ahora la suerte de trabajar en la ciudad. Esas subidas y bajadas de la altura hacen que uno se sienta como esos globos de fiesta que los inflan y desinflan varias veces: estirados y arrugados. Recuerdo lo difícil que era conseguir personal cuando iniciamos la empresa: había muy poca gente dispuesta a trabajar a 3.800 metros de altura. Los geólogos también pasan lo suyo, son incansables exploradores que buscan nuevas reservas bajo las duras condiciones del clima y, a veces, bajo el mal recibimiento de algunos pobladores. Tienen además sobre sus hombros la presión de que nuestro futuro, el de nuestras familias y el de toda la región dependen de su éxito. Que tal responsabilidad.


Es admirable también el trabajo que realizan los colaboradores de Mina y en especial el de los operadores. Ellos saben, como nadie, el esfuerzo que demanda ganarse la paga de cada día. Lo hacen en guardias de día y de noche, alejados por turnos de sus familias. Hay que ser gente muy dura para soportarlo. Más aún, considerando que en ese equipo laboran muchas mujeres que, además, son madres de familia. Son personas especiales. Tampoco la tienen fácil los compañeros de Responsabilidad Social. El suyo es un trabajo descorazonador: dedican su tiempo a construir buenas relaciones con nuestros vecinos, mientras que otros, por intereses personales, dedican su vida a destruirlas.


Lo dijo nuestro Vicepresidente de Newmont para Latinoamérica Carlos Santa Cruz, durante la ceremonia de premiación del jueves: “Todos los trabajadores de la empresa, sin excepción, hacen una labor extraordinaria, no obstante, esta noche, queremos reconocer a aquellos colaboradores que hicieron un esfuerzo adicional, que dieron un paso más para lograr las metas y alcanzar los objetivos de la compañía”.


Los expertos en dirigir, instruir y entrenar personas, aseguran que las empresas más eficaces son las que poseen una cultura de reconocimiento, sus gerentes conocen la importancia de esa actitud y la utilizan como parte de sus valores empresariales. En el mundo de los Recursos Humanos, que es un mundo de detalles, algunos llaman a esas atenciones de reconocimiento: “caricias laborales”. Acariciar –dicen- es ser sincero, emocional, acordarse de los nombres de los colaboradores, recordar datos de su vida personal y, entre otras cosas más, reconocer el esfuerzo personal que realizan algunos colaboradores y que los distingue de los demás. Eso es lo que está haciendo nuestra empresa.


Además de quedar sorprendido por la designación como el mejor trabajador de mi área, mi segundo sentimiento fue de consternación por dos motivos. El primero, por lo que me vino a la cabeza inmediatamente: “¿Y ahora qué digo?”. Nos pasa a casi todos cuando tenemos que vivir la tragedia de hablar en público: no se nos ocurre nada. Y el segundo, fue aún más aprensivo. Recién caí en la cuenta de que en esta elección tengo una considerable ventaja: yo soy el único trabajador de la Oficina de Atención al Público.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Nuestra oficina de Atención al Público


El mes pasado participamos en un Workshop en Lima. La Oficina de Atención al Público de Minera Yanacocha (oficina de Consultas y Quejas) estuvo representada por Carlos Scerpella en el taller Manejo y resolución de inquietudes y conflictos a nivel local organizado por el Consejo Internacional de Minería y Metales (ICMM)

El Consejo es una organización liderada por directores ejecutivos de la industria minera y otras asociaciones, dedicada a promover el desarrollo sustentable. Reúne a 18 de las empresas mineras más importantes del globo –Newmont entre ellas- que emplean a cerca de 800 mil trabajadores en 58 países de todo el mundo, y están comprometidas con efectuar una producción responsable de los recursos minerales y metales que necesita la sociedad.

El objetivo del taller fue evaluar la guía de buenas prácticas propuesta por el ICMM para que las empresas del sector implementen sus procedimientos o mecanismos de reclamo a nivel local y cuenten con enfoques sistemáticos para la atención de las quejas que pudieran presentar las personas o grupos que se sientan afectados por nuestras actividades.

Durante el evento se habló de los beneficios de tener procedimientos de reclamos bien diseñados que sean predecibles, transparentes y confiables. Y se discutieron casos modelo de distintas empresas como Anglo American, BHP Billiton y Xstrata. Nosotros, Minera Yanacocha, estamos bastante adelantados en el tema, pues nuestra oficina de reclamos ya lleva nueve años de funcionamiento.

En el Perú, al igual que en el caso de nuestros principios voluntarios en seguridad y derechos humanos, en materia de reclamaciones Yanacocha lidera el sector con su Oficina de Atención al Público. Esta última ha atendido alrededor de cuatro mil reclamos desde su creación en el 2001 hasta la fecha, y los ha resuelto de acuerdo a su compromiso de responsabilidad social con la comunidad. La Oficina reporta al Vicepresidente de Newmont para sus operaciones en Sudamérica y atiende las consultas y los reclamos que cualquier poblador ó institución pudieran presentar en contra de la misma empresa minera, sus contratistas ó sus trabajadores en general.

Las consultas ó reclamos son atendidos personalmente, por teléfono, carta o e-mail, y pueden ser presentados con nombre o anónimamente. También se registran quejas “De oficio” en aquellos casos en que La Oficina toma conocimiento de algún hecho en el que nuestras operaciones ó las de nuestros contratistas, en el ejercicio de su contrato con Yanacocha, pudieran afectar de algún modo a la comunidad.

“Las quejas siempre son bienvenidas –dice el jefe de la Oficina de Atención al Público, Marcos Valdez-, si son auténticas entonces se convierten en oportunidades para corregir algo que se está haciendo mal. Si por el contrario no son legítimas ó se tratan de alguna confusión ó percepción distorsionada, entonces, también son oportunidades para aclarar cualquier mal entendido. La clave es que las quejas siempre generan oportunidades”.

La Oficina es una instancia de diálogo para ayudar a resolver los problemas de los trabajadores y de la comunidad con respecto a las actividades de Yanacocha. No es Juez, no es Fiscal, ni árbitro; sólo interviene con ánimo amical para contribuir a solucionar conflictos que de otra manera podrían terminar en instancias que resulten en costo de tiempo y dinero para las partes involucradas.

¿Es importante contar con una oficina de reclamos? Por supuesto. Con ella ponemos en práctica nuestros valores y cumplimos con nuestro Código de Ética y Conducta: “Actuar con integridad, confianza, respeto, honestidad y trabajo en equipo”. En lo que respecta al sector, La Oficina cumple con uno de los principios más importantes para el desarrollo de una gestión empresarial que contribuya al desarrollo sostenible de la región: “apoyar los derechos humanos fundamentales y respetar las culturas, las costumbres y los valores en la relación con los empleados y otros grupos (que pudieran verse) afectados por nuestras actividades”.

Esta claro que las quejas no se reciben para sancionar sino para corregir, y, que muchas de ellas, presentadas en su oportunidad, son comunicaciones eficaces que contribuyen a prevenir conflictos que nadie, ni nosotros, ni las autoridades, ni la comunidad, queremos atravesar. La atención de los reclamos contribuye a que nuestra gestión sea más valorada y respetada por la comunidad.

La oficina de Atención al Público está ubicada en la Vía de Evitamiento Sur 549 y cuenta con una línea telefónica gratuita: 0-800-1-2790. También se le puede contactar en teléfono 58-4000 (anexo 23760), celular 976-223760 y en su dirección de correo electrónico: marcos.valdez@newmont.com

sábado, 16 de octubre de 2010

Nuestros principios voluntarios

Seminario - Taller Principios Voluntarios de Seguridad y Derechos Humanos
Hotel Laguna Seca Baños del Inca - Cajamarca
Jueves 14 y viernes 15 de octubre de 2010

Cajamarca, 18 -10-10 Cincuenta personas, entre funcionarios mineros, autoridades policiales, miembros de las Fuerzas Armadas, organizaciones no gubernamentales (ONGs), autoridades locales, Universidades, Cámara de Comercio, Defensoría del Pueblo y presidentes de Rondas Campesinas, se reunieron el jueves y viernes de la semana pasada en el Hotel Laguna Seca para hablar, entre amigos y a calzón quitado, sobre un solo tema: el uso de la fuerza pública y privada en el marco de los Principios Voluntarios de Seguridad y los Derechos Humanos.

¿Cómo se come esto? Veamos. En el año 2000, un grupo de diálogo conformado por los gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido junto a algunas empresas extractivas y ONGs, conscientes de la necesidad de promover y proteger los derechos humanos en todo el mundo, desarrollaron una serie de principios voluntarios –un código de conducta- que le sirvieran de guía a las compañías para mantener la seguridad de sus operaciones en un marco que garantice el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales.

En buena cuenta se trata de que bajo dichos principios las empresas como Yanacocha deben asegurarse -para no ser cómplices ni siquiera por omisión- de que su fuerza de seguridad privada y la fuerza de seguridad pública, en el supuesto caso de que tuvieran que actuar en defensa de los derechos de la compañía, lo hagan respetando, a su vez, los derechos humanos de la otra parte en conflicto, cualquiera que ésta fuere y cualquiera que fuese el motivo que los enfrente.

Por supuesto, los Principios hacen hincapié en que el conflicto mejor manejado es aquel que nunca ocurre, y que la herramienta más importante para prevenirlo hasta dónde es posible, es la Evaluación de los Riesgos por los impactos de operación, económicos y culturales, a que pueden están sujetos la propia empresa, las contratistas, sus trabajadores y los vecinos de cualquier operación extractiva. Se trata de “hacer las cosas bien”.

Esto último no es una declaración lírica, sino, una necesaria visión de negocio que ha devenido como consecuencia del fenómeno de la globalización. En estos días es imposible pensar en el desarrollo de cualquier proyecto empresarial de envergadura que no tenga en cuenta la Seguridad y los Derechos Humanos como parte de su filosofía de Responsabilidad Social

Un dato interesante es que en el grupo de diálogo que se formó hace diez años, y en el cual había menos de diez empresas mineras, están tres compañías consideradas entre las más grandes del mundo que hoy también tienen operaciones en Cajamarca. Todas ellas estuvieron representadas por sus principales funcionarios de Seguridad y Responsabilidad Social en la reunión de Laguna Seca: Newmont, Anglo American y Río Tinto, además de la firma Goldfields.

El seminario fue organizado por la Dirección Regional de Seguridad de Newmont, a cargo de Lee Langston, y tuvo dos expositores de lujo. La introducción al tema y un paseo por la historia de cómo el hermano país de Colombia adoptó dichos principios en una realidad extremadamente difícil por la presencia de las guerrillas, estuvo a cargo de José Unda, ex Consejero para la Protección de la Infraestructura Petrolera, Minera y Energética en la Presidencia de la República de Colombia.

Los colombianos, por supuesto, saben muy bien de lo que hablan. Gracias a sus acertadas políticas nacionales en materia de seguridad y respeto a los Derechos Humanos pueden asegurar a los turistas de hoy que el riesgo más grande que corren al visitar su país: “Es que se quieran quedar”.

Por parte de Newmont y Yanacocha, el expositor y facilitador del taller fue nuestro especialista Senior en Derechos Humanos y encargado de temas de ética, Carlos Scerpella. El evento fue el segundo que se desarrolla en Cajamarca y en el país. El primero se realizó en octubre del año pasado y también fue organizado por la corporación Newmont. En esa oportunidad actuó como expositor el ex Ministro del Interior, Gino Costa.

“Hoy estamos dando un paso más en nuestro esfuerzo de incorporar los temas de Seguridad y Derechos Humanos en nuestra Cultura Empresarial”, dijo el vicepresidente de Newmont para Sudamérica Carlos Santa Cruz, al inició del seminario. Agregó que los colaboradores de nuestra corporación debemos proyectar estos valores mirando hacia el futuro y no sólo pensando en el Perú sino en un contexto más amplio pues Newmont ya tiene presencia en Surinam y en Haití.

Mis conclusiones del seminario son cinco:

Que es indispensable realizar constantemente evaluaciones de riesgo, de preferencia con todos los interesados, para proteger a las compañías y a sus vecinos de cualquier daño o percepción de daño que pudieran sufrir.

Que es indispensable mantener comunicados a los involucrados en cualquier operación -principalmente las comunidades aledañas- de las acciones planificadas por las empresas que de una u otra manera los pudieran afectar. Y que no basta con informar sino que es necesario hacer que las entiendan

Que cuando ocurren los conflictos es indispensable involucrar a las autoridades correspondientes en la solución de los mismos: por ejemplo al Comité de Seguridad Ciudadana de la que es presidente el Presidente Regional.

Que no existen las empresas perfectas, las fuerzas de seguridad, los Gobiernos, ni los escenarios perfectos, en materia de Principios Voluntarios en Seguridad y Derechos Humanos “hay que empezar con lo que se tiene”, no hay tiempo que perder. Newmont/Yanacocha están liderando este tema en nuestro país y éste es otro motivo de orgullo para los trabajadores de la corporación.

Y que los espacios de diálogo como el seminario realizado son lo más saludable para ventilar aquellos temas espinosos que involucran a distintos estamentos de la sociedad. Luego de miles de años en que el bicho humano camina sobre la faz de la tierra no se ha inventado nada mejor para prevenir y solucionar conflictos que: conversar.

lunes, 17 de mayo de 2010

Un saludo de Len

De derecha a izquierda: Tony Esplin, Len Harris, Jim Seidel (Newmont), Pedro Condori, Percy Zamora y Marcos Valdez

Nuestro apreciado y siempre recordado Leonard Harris, el “Tío Len”, primer gerente general de Yanacocha, nos visitó en abril. No lo veíamos por aquí desde hacia un par de años cuando llegó a la mina acompañado de un grupo de mineros mexicanos. En esta oportunidad, en cambio, vino con un colega peruano para mostrarle la operación y nuestro magnifico trabajo. Len arribó solo en el vuelo del jueves 15 por la tarde mientras su compañero optó por el cansador recorrido de catorce horas por tierra desde Lima, llegar a Cajamarca al día siguiente y subir juntos en camioneta hasta el mirador ubicado a cuatro mil metros de altitud. Todo un viaje.

Probablemente, su acompañante como yo y otros millones de personas, temía volar. Miedo que, valgan verdades, y aun en pleno siglo XXI, es la cosa más natural del mundo. Basta dar un vistazo a las encuestas para confirmarlo: sólo el cinco por ciento de los pasajeros que surcan diariamente los cielos de nuestro planeta no sienten temor alguno a viajar en avión. La verdad, le dije la semana pasada a Ricardo Morel, nuestro ex gerente de Asuntos Externos -hoy un alto funcionario de Anglo American- en una conversación de amigos, es que todos tememos volar, pero, mientras la mayoría calla, otros no tenemos ningún reparo en decirlo. “Es que en ese sentido, tú ya has salido del closet, mi estimado Marcos. Como Ricky Martin, igualito.”, me respondió Ricardo. Eso es lo que saca uno por andar contando sus sentimientos: que lo comparen con el de “la vida loca”… y en su presencia. Será por aquello de que: “a los amigos se les apuñala de frente”.

Pero es cierto, en mayor o menor grado nos pasa a todos, y cada uno esconde su miedo de la forma que le parece. Un famoso periodista colombiano, que además tiene fama de ser muy macho, decía que cada vez que vuela se agarra con tanta fuerza del asiento que al poco rato de despegar se le entumecen los dedos de la mano. “No es tanto por temor a que el avión se caiga –explica el hombre de prensa- sino para ayudar a que el aparato se mantenga en el aire”. Explicaciones que uno inventa.

No obstante, lo que probablemente no sabía el compañero de nuestro buen amigo es que viajar con él es una garantía de seguridad estadística: el tío Len es un sobreviviente, ha sufrido dos accidentes de avión durante toda su vida y no es probable que tenga un tercero. Las posibilidades de tener un accidente de avión, para una persona común y corriente, dicen los entendidos, es de una entre cinco millones y una persona tendría que volar el equivalente a dar 500 mil vueltas a la Tierra antes de sufrir un accidente aéreo. Es bueno saberlo.

Al tío Len se le ve y él dice que está muy bien. Sin embargo, en octubre lo volverán a operar de una lesión en el hombro que lo obliga a llevar una prótesis de titanio desde hace varios años, y que -cuenta Len de lo más divertido- hace saltar las alarmas de detección de metales en todos los aeropuertos. En una etapa de la vida en que la mayoría de las personas prefiere gozar de la tranquilidad de un merecido retiro, nuestro amigo es un trabajador infatigable y un viajero desafiante que pasa la mayor parte del año fuera de su casa, en Denver, asesorando empresas mineras por todo el mundo y en especial promocionando la actividad minera en el Perú.

Es paradójico, mientras muchos peruanos -algunos mineros incluso- ponen su empeño en acabar con esta maravillosa fuente de trabajo y riqueza en el país, y en especial en Cajamarca, algunos extranjeros que nos quieren más que nosotros mismos, se esfuerzan generosamente en sacarla adelante.

“Es por esa entrega, por la calidad de gente y por lo estupenda persona que es Len Harris, que todos los que lo conocemos lo queremos bien y lo recordamos siempre”, le dije un día a nuestro gerente de operaciones Tony Esplín, cuando le contaba sobre los inicios de Yanacocha. Tony me escuchó con atención y al final me dio su razón definitiva: “Len es así porque es australiano… igual que yo”. La verdad, no sé si sea por ser australiano, pero, al igual que Len, basta con escucharlo hablar de su esposa, de su pequeña hija Gabriela y de su segundo hijo que nacerá muy pronto, para darse cuenta, inmediatamente, de que Tony también es un gran tipo.

La visita de Len fue muy corta, sólo se quedó un día completo. En esta ocasión tuve la oportunidad de verlo y de aceptar su invitación a cenar una deliciosa trucha en el hotel Laguna seca en compañía de otros dos Yanasaurios: Pedro Condori y Percy Zamora. Además, recibí el grato encargo que cumplo con esta nota, de hacer llegar el saludo de nuestro querido Len Harris a todos sus buenos amigos y ex compañeros de trabajo.

viernes, 26 de febrero de 2010

La cocina de mamá



La respuesta siempre ha sido y será la misma. No importa a quién se le pregunte. Todos responden, invariablemente, que el mejor arroz con pollo del mundo, la papa a la huancaína más sabrosa o esos fréjoles con seco de antología, son los que prepara o preparaba su mamá. Invariablemente también, todos tienen razón. Nada se nos graba en la memoria del gusto, a fuego y para toda la vida, como la cocina de mamá.

Es cierto. Cuando evoco los años de mi niñez lo primero que me viene a la cabeza, el corazón y el paladar son, como dice el himno de los setenta de esa vieja banda argentina de rock, Sui Generis: “Los guisos de madre, los postres de abuela y las torres de caramelo”. Es increíble que a través de los años los sabores del hogar se mantengan intactos en la memoria, con la sutil y enorme diferencia a la vez, de los mismos platos preparados en cualquier otro lugar. Hasta el pan con mantequilla y el café con leche que me servían en casa tenían un sabor distinto y especial.

Lo mismo le ocurre a los emigrantes de cualquier país y en especial a toda esa generación nuestra de jóvenes que se fueron del Perú de los setenta y ochenta en busca del buen futuro que no se vislumbraba ni de lejos por estos lares, y que hoy viven desperdigados por el mundo entero. Cuando se les pregunta qué es lo que más extrañan de su tierra natal, ellos contestan, con cariño: “mi comida”. No son los paisajes, ni los amigos, ni las costumbres, ni el amor que dejaron atrás. El recuerdo más entrañable para aquellos que están lejos de casa es la comida y más aún: la comida de mamá.

Pero ese recuerdo no llega solo, con él vienen la vajilla, las ollas, la habitación y por supuesto, la cocina misma –yo recuerdo nítidamente el color de las llamas y hasta el sonido de la cocina Cuba a gas de kerosene que teníamos en casa. Ese artefacto que es capaz de hervir, cocer, freír, asar o fundir los alimentos y que ha sido el mudo testigo de millones de historias que se tejen entre los miembros de familias enteras, generación tras generación. Porque nuestras vidas transcurren, día a día, entre el desayuno, el almuerzo y la cena, a un costado o alrededor de la cocina de cada una de nuestras casas. Hay quien asegura, con convicción de poeta, que la cocina, la habitación y el artefacto, todo el conjunto, “Es un asunto sentimental”. Tiene razón.

El tema viene a cuento por las primeras treinta y cuatro cocinas mejoradas, de las ciento cincuenta y uno que ya tenemos listas, y que los trabajadores de Yanacocha entregamos a nuestros vecinos de La Ramada el jueves pasado (el viernes entregamos setenta y cinco más en Manzanas Alto), en una sencilla ceremonia en la que participó una delegación de compañeros, nuestro Vicepresidente Regional de Operaciones de Newmont para Sudamérica, Carlos Santa Cruz, los miembros de la Secretaría Técnica del programa y los mismos beneficiarios.

Es sorprendente el recibimiento de la población –comentó una compañera de trabajo. Nuestros vecinos están verdaderamente agradecidos por las cocinas y más por el voluntariado de los trabajadores. “Yo me sorprendí cuando hace unos meses me operaron y no sé cómo se enteraron, pero me fueron a visitar a mi casa. Gracias a este programa, ahora ellos ya son como de mi familia”, agregó.

Efectivamente, de todas las intervenciones durante la ceremonia, las palabras que quizá reflejaron mejor el espíritu con el que llevamos adelante nuestro ambicioso proyecto de construir un mil cocinas mejoradas, fue el de una madre de familia quien dijo, emocionada: “Lo mejor de todo, es la hermosa relación de amistad y armonía que ha florecido entre los vecinos y los trabajadores de la mina y sus familias”.

Para mí, cuando hablamos de donar nuestros aportes y nuestro tiempo para construir cocinas mejoradas, en realidad estamos hablando de fomentar varias cosas: la salud de las personas, oportunidades de desarrollo para más niños peruanos, el amor por la familia, y, estoy seguro, miles y miles de historias y buenos recuerdos que vivirán por siempre en las mentes y los corazones de nuestros vecinos beneficiarios que, en su tiempo, evocarán con el mismo amor y la nostalgia que nosotros: “La cocina de mamá”.

viernes, 18 de septiembre de 2009

¡Feliz día Geólogos!

1993 Yanacocha - Cerro Baúl – Primer equipo de Geólogos de Newmont Perú
En La Foto. Agachados: Agustín Mamani, Pepe Quevedo. Primera fila: Jorge Barreda, Miguel Zulueta, Jesús Córdova, Martha Changanaqui, Edelmina Calderon, Enrique Velarde, Miguel Cardozo. Segunda Fila: Steve Turner, Stan Myers, Ricardo Morales, Anthony Bowerman. Tercera Fila: José Quiroga, Miguel Morera.

El primer geólogo del que tuve conocimiento en mi vida fue el profesor Otto Lidenbrock. Un científico brillante que impulsado por la necesidad de develar los misterios de esta inmensa roca que es nuestro planeta, se introdujo por la chimenea del volcán Sneffels, en Islandia, para recorrer mil doscientas leguas a través de un mundo fantástico en las profundidades del globo, y salir triunfante por la boca de otro volcán: el Etna, en Italia, hogar del monstruo Tifón, causante de los terremotos y las erupciones de humo y lava, de la mitología griega.

A Otto Lidenbrock me lo presentó el novelista genial Julio Verne, en una de sus mejores obras: Viaje al Centro de la Tierra. Cuando la leí, casi un siglo después de su publicación, yo tendría unos diez años y fue una de las razones por las que adquirí para siempre, el delicioso vicio de la lectura. La historia fue llevada al cine con relativo éxito. Es cierto: “Nunca se ha hecho una buena película de un buen libro”. La que me pareció fabulosa, en cambio, fue la recreación de la obra que hizo el músico inglés Rick Wakeman en su álbum Journey to the Centre of the Earth, en 1974, que guardo en un disco de vinilo como uno de mis más valiosos e inútiles tesoros de juventud.

Los geólogos que conocí más tarde, sí fueron de carne y hueso, y mucho espíritu. Cuento entre ellos a mis mejores amigos de siempre y los del inicio de mi vida profesional. Los recuerdo bien a pesar de los años, aunque a la mayoría no los veo más que de cuando en cuando, porque muchos enrumbaron sus vidas lejos de Cajamarca. Ellos conformaron los primeros equipos de exploraciones de Newmont Perú y Yanacocha que, con mucha dedicación y grandes sacrificios, descubrieron las anomalías que luego convertimos en minas y han sido la base de estos diecisiete años de trabajo de nuestra gran empresa minera.

A la cabeza de esos equipos, cada uno en su respectivo momento, estuvieron: Miguel Cardozo, Anthony Bowerman, Andrés Quiroz, Enrique (Kiko) Figueroa, Audrey Paverd, Bruce Harvey y Lloyd McEvers. Formaron parte también: Gustavo Velez, Raúl Mugruza, Raúl Villacorta, Enrique Velarde, Carlos León, Jorge Merino, Abel Puerta, Erick Liptten y Alfonso (Pepe) Quevedo. Asimismo participaron: Edelmira Calderón, Jorge Barreda, Jesús Córdova, Miguel Zulueta, Ricardo Morales, Martha Changanaqui, Stan Myer, Hernán Tanabe, Jorge Franco, David Abarca, Percy Zamora, Tomás Klein, Julio Rodas, José Trujillo, Alberto Peña, Rita Pinto y Cesar Velasco.

Pepe Quevedo y Jorge Barreda, lamentablemente, ya no están entre nosotros. Ellos se fueron para siempre. Como recordamos, Pepe falleció en un accidente en la mina hace trece años, en 1996, cuando un cerro se derrumbó bajo sus pies. Poco antes de morir, escribió un artículo para la revista Doré en el que terminaba diciendo: “Espero que quienes trabajamos hoy y los que lleguen después se contagien del esfuerzo y la fe de un inicio, para hacer de ésta, una mina mejor, mejor y mejor”. Nosotros le tomamos la palabra.

Durante el sepelio, el entonces Sub Gerente General de la empresa, Carlos Santa Cruz, señaló que: “Pepe fue el prototipo del explorador minero, verdadero pionero de la era moderna que combinando su aporte técnico con el más sacrificado esfuerzo personal, descubre los recursos que se encuentran ocultos en las entrañas de la tierra”. Fue un buen Geólogo, un profesional apasionado, y mejor esposo, padre y amigo.

Jorge Barreda también nos dejó. El ya no trabajaba en Yanacocha desde hacía varios años, cuando partió a la eternidad en el 2008. Jorge sufría de una insuficiencia renal que atacó su cuerpo durante mucho tiempo y que finalmente le ganó la batalla por la vida. Recuerdo que algunos meses después de su fallecimiento, su joven viuda y sus dos niños vinieron de Lima a visitar la mina. Era la promesa cumplida de su padre que Luz, su esposa, hizo realidad. Jorge les ofreció llevarlos a conocer la mina de oro más grande de Sudamérica que él ayudó a descubrir.

Hoy, 17 de septiembre, se celebra en el Perú el Día del Geólogo. Como amigo y parte de ese valioso grupo de hombres y mujeres que fueron los pioneros de Yanacocha he querido recordarlos a todos, y a manera de homenaje, especialmente, a nuestros queridos Pepe y Jorge. Finalmente, agrego una nota de saludo para nuestros compañeros Geólogos en su día. No es mía, la leí en alguna oportunidad y me pareció simpática para la ocasión:



“Feliz día Geólogos de Yanacocha
Queremos saludar a todos aquellos compañeros que eligieron el estudio de la tierra como su vocación. Nuestros geólogos, son felices al ver una roca alterada, deliran soñando con pórfidos y placeres, y disfrutan caminando los cerros cajamarquinos en la incesante búsqueda de depósitos… raras y queridas avis.

Por todo ello, y lo que les debemos, queridos geólogos, les deseamos un feliz día”.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Proyecto: Cocinas Mejoradas


El plan piloto está en marcha. Diez grupos de diez trabajadores voluntarios cada uno, y sus respectivas parejas, visitaron durante la última semana el Centro Poblado La Ramada para conocer a las familias que auspiciarán en el marco del proyecto Cocinas Mejoradas.

La construcción del primer centenar de cocinas se ha denominado plan piloto porque permitirá a la Secretaría Técnica evaluar en el campo la organización, los tiempos y el trabajo en equipo, a fin de identificar los posibles problemas y realizar los ajustes necesarios que faciliten el éxito de las siguientes etapas, en las que se construirán novecientas cocinas más en distintas comunidades alrededor de la operación minera.

Efectivamente, serán mil trabajadores voluntarios de Yanacocha los que participarán en esta altruista campaña de donación de materiales y acompañamiento a las familias campesinas beneficiarias, en el proceso de construcción y adaptación al cambio de uso de las cocinas tradicionales, en el piso, a cocinas mejoradas que optimizarán el uso de leña y contribuirán significativamente al cuidado de su salud.

Mientras se ejecuta el plan piloto, la Secretaria Técnica del programa está avanzando con la convocatoria, organización y capacitación, de los siguientes grupos de trabajadores voluntarios que visitarán las comunidades favorecidas durante los próximos meses. Se espera que el millar de nuevas instalaciones concluya en agosto de 2010.

Entre las mil cocinas mejoradas que se construirán, se cuentan las cien que el equipo Ejecutivo de Liderazgo de Newmont, los cinco altos funcionarios de la Corporación, que visitaron Yanacocha en agosto pasado, donaron generosamente a titulo personal y cuyo importe abonaron en una cuenta del programa, antes de su regreso a Denver.

Durante la primera visita de campo efectuada por los entusiastas voluntarios –serán cuatro entrevistas en total-, éstos explicaron a cada familia auspiciada los alcances del proyecto, las ventajas de utilizar el nuevo artefacto, su proceso de construcción y los materiales que aportarán ambas partes.

Para los vecinos de La Ramada el proyecto no es una sorpresa. En realidad, la idea de construir cocinas mejoradas para elevar la calidad de vida de los pobladores nació en ese centro poblado, cuando el área de Responsabilidad Social de Yanacocha realizó hace algún tiempo un proyecto similar llamado: Viviendas Saludables.

“Nosotros orientamos a los pobladores para que separaran sus dormitorios y la cocina de los demás ambientes de la casa. Para que construyeran anaqueles de madera y ordenaran su menaje cocina y a que se preocuparan por el manejo de los alimentos y el ingreso de luz y ventilación a sus viviendas”, comentó Rosita Ordóñez quien junto a Beatriz Alvarado son las facilitadoras y líderes del proyecto de Cocinas Mejoradas.

El viernes 11 de septiembre, los grupos N° 1 y 2 de voluntarios fueron recibidos en La Ramada por su Alcalde Gumercindo Yopla, quien agradeció el desprendimiento de los colaboradores de Yanacocha y manifestó su convencimiento de que las nuevas cocinas serán de gran ayuda para las familias favorecidas.

De igual manera, los trabajadores fueron presentados a la comunidad por el Teniente Gobernador de la zona, Dionicio Huatay, cuyo eficiente apoyo está contribuyendo a la buena marcha del proyecto, en bien de su población.

Por su parte, los voluntarios del área de Responsabilidad Social expresaron su agradecimiento por la cordial bienvenida y su satisfacción de participar en un proyecto tan importante para la salud y el bienestar de “nuestros hermanos del campo”.

martes, 1 de septiembre de 2009

Cuando la pobreza mata


El daño causado quedará en la conciencia de cada uno. Durante la última década los malos ecologistas peruanos alarmaron a la población con el cuento de miedo de la contaminación ambiental causada por la minería formal. Un fantasma que baja de las alturas para hacernos daño, cuando la triste realidad de nuestro país no es que la contaminación llegue de otro lado, sino que está instalada, como esos canceres inadvertidos, en la cocina de cada familia pobre de nuestro país, que son la mayoría.

Efectivamente, cuántas vidas se hubieran salvado en todos estos años de silencio interesado si esos malos ambientalistas hubieran difundido en su oportunidad que los factores que contribuyen al sufrimiento de enfermedades respiratorias agudas, apnea del sueño, desnutrición infantil, anomalías del crecimiento, enfermedades diarreicas frecuentes, infecciones oculares y hasta que uno se quede ciego por cataratas o le nazca un niño con retardo mental en nuestra Sierra, son el resultado de la inhalación de gases tóxicos provenientes de las tradicionales cocinas que usan leña o bosta de animales como material de combustión.

Basta alejarse un poco del centro de Cajamarca para observar como las casas de nuestros campesinos parecen incendiarse por la cantidad de humo que sale por el techo, la puerta y las ventanas de sus viviendas. La humareda proviene de cocinas tradicionales a leña en las cuales se colocan las ollas sobre una base de piedras en forma de trípode y que usan las familias pobres de nuestro país desde tiempos inmemoriales, y que además tienen una pésima eficiencia energética: sólo aprovechan, en el mejor de los casos, el quince por ciento de la energía almacenada en la leña con el consiguiente consumo de mayor cantidad de combustible en perjuicio de sus economías y de nuestros bosques.

Esa pobre gente no sabe que está expuesta a substancias tóxicas que exceden diez y hasta veinte veces los límites máximos permisibles recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Literalmente, se están envenenando y están condenando a sus inocentes niños a un triste futuro de incapacidad física e intelectual cuando no a una muerte prematura por enfermedades respiratorias.

La pobreza mata cuando casi el ochenta por ciento de los hogares en las áreas rurales de nuestro país utiliza leña para cocinar y cerca del quince por ciento utiliza bosta o estiércol –alrededor de dos millones de hogares-, sin saber que el uso inadecuado de esa materia orgánica que proviene de árboles, plantas y desechos de animales ocasiona en las personas expuestas neumonías, bronquitis, infecciones respiratorias agudas, tuberculosis, cáncer al pulmón y problemas cardiovasculares.

Es una paradoja que el Perú sea reconocido como el mejor destino turístico gourmet de Sudamérica, cuando las cocinas de la mayoría de hogares en los que se preparan esos riquísimos potajes por los que se nos reconoce en el mundo entero aún no hayan salido del subdesarrollo brutal en el que viven condenados millones de nuestros compatriotas, victimas inocentes de una pobreza extrema que ninguno de nosotros se atreve siquiera a imaginar.

El problema es mundial. Se estima que unos tres mil millones de personas siguen utilizando combustibles sólidos, incluidos biocombustibles (madera, estiércol, residuos agrícolas) y carbón para satisfacer sus necesidades básicas de energía cuya acción contaminante causa alrededor de un millón y medio de defunciones por año, la mayor parte de ellas entre niños menores de cinco años debido a infecciones respiratorias agudas. Por ello, uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas menciona: “Habilitar el uso de combustibles modernos al cincuenta por ciento de las personas que actualmente utilizan biomasa tradicional para cocinar”.

¿Es posible revertir esta situación en nuestro país? Sí. Se está haciendo. El Gobierno Peruano lanzó en junio la campaña “Medio Millón de Cocinas Mejoradas: por un Perú sin humo”, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los pobladores a través de la masificación del uso de ese tipo de cocinas. Cajamarca está considerada en dicha campaña.

Por su parte, Yanacocha también esta haciendo lo suyo. La empresa ha comenzado un programa igual pero diferente: “Familias Solidarias Construyendo Cocinas Mejoradas”. En la primera etapa, que se inició el viernes 28 de agosto con un desayuno de confraternidad en un céntrico hotel en Cajamarca, el primer grupo de cien trabajadores de la compañía y sus respectivas parejas, además del Vicepresidente Regional de Operaciones de Newmont en Sudamérica, Carlos Santa Cruz, quien es el promotor de la iniciativa y participa junto a su hija María Alejandra, se comprometieron formalmente a participar activamente en el proyecto.

Los voluntarios efectuaron un aporte económico personal para la construcción de cocinas mejoradas en las poblaciones aledañas a la Mina y se relacionarán con otras familias de la comunidad para ayudarlos en el cambio de uso al nuevo artefacto que, de inmediato, mejorará su nivel de vida: económico, por el ahorro de combustible; salud, porque en poco tiempo librarán a sus cuerpos de las toxinas a las que estuvieron expuestos por muchos años; medioambiente, porque harán que sus hogares sean lugares más limpios y respirables; e incluso mejorará su estado de ánimo pues la contaminación en que viven actualmente esta considerada médicamente como una causa de depresión.

El proyecto completo tendrá una duración de doce meses y tiene planeado atender a mil familias en las comunidades aledañas a las operaciones mineras. Los primeros cien trabajadores serán reemplazados en los próximos meses por otros grupos, también de cien compañeros voluntarios, hasta completar el programa. La organización esta a cargo de una Secretaria Técnica conformada por: Rosa Ordóñez, Beatriz Alvarado, Luis Cornejo, Livio Paliza, Darío Zegarra, Erika Hamada y Violeta Vigo.

Refiriéndose al programa, Carlos Santa Cruz dijo que: “No se trata de aportar dinero para una obra de bien social, sino de nuestro compromiso y participación para salvar de un grave daño a miles de niños y adultos que están en riesgo en nuestra comunidad”. El alto funcionario manifestó que Yanacocha ha alcanzado el grado de excelencia mundial en Seguridad (once millones de horas sin accidentes con tiempo perdido desde diciembre de 2008) De igual manera, la empresa tiene el liderazgo en la aplicación de las mejores prácticas para la preservación del medioambiente y su relacionamiento con sus vecinos.

“No obstante -agregó Santa Cruz- hoy hemos dado un paso más. La integración de los trabajadores y sus familias con nuestros vecinos permitirá que nos conozcamos y valoremos mutuamente como personas. Yanacocha no es un ser abstracto sino un grupo de hombres y mujeres peruanos con corazón que queremos lo mejor para nosotros, nuestros vecinos, la región y el país”.

viernes, 21 de agosto de 2009

Un almuerzo de reencuentro


Hubiera sido estupendo que estuviéramos todos, los tres mil. Pero todos no cabemos en la casa de Federico Schwalb en Lima, así que Len Harris, nuestro primer gerente general, convocó el viernes pasado a un “almuerzo tardío”, cuatro de la tarde, para dar oportunidad a que llegáramos de Cajamarca, Arequipa y otras partes del país, a la primera promoción de esta gran escuela de minería mundial que es nuestra empresa, y celebrar juntos nuestros primeros diecisiete años de su creación.

A la letra, la invitación de Len al primer reencuentro de aquellos que estuvimos ligados a la compañía desde su inicio, decía: “Han pasado ya más de diecisiete años desde que se iniciara una gran y fascinante aventura que hoy se ha convertido en un símbolo mundial de éxito y eficiencia: Yanacocha”.

Aunque faltaron algunos buenos compañeros y mejores amigos como Juan Gavidia, Luis Argüelles, Jorge Osada, Leonaldo Leng, Jesús Córdova, los tres Enriques: Figueroa, Rodríguez y Winkelried, Raúl Pastor, Abel Puertas, René Fernández, José Quiroga y Lucho García, asistimos a la reunión alrededor de cincuenta personas. Allí estaban el dueño de casa por supuesto y también ex gerente general, Federico Schwalb; otro ex gerente general y ahora Vicepresidente Regional de Operaciones de Newmont para Sudamérica, Carlos Santa Cruz, junto a otros altos funcionarios y amigos, Peter Orams, Manuel Díaz, Ricardo Brazzini y Félix Guerra.

Asimismo, acudieron a la cita Manuel Villanueva, Alberto Cárdenas, Miguel Yrivarren, Jorge La Barrera, Abel Elías, Gonzalo Mas, Tulio Peña, Pablo Belaochaga, Carlos Domínguez, Boris Quimper, Julio Girón y Oscar Mimbela, entre otros.

Por las damas, estuvieron presentes: Maribel Makinaga, Mariana Valle, Nelly Taboada, Carlota Galván, Cynthia Castañeda, Patty Sánchez, Paola Ghilardi, Carolina Castilla, Ina Silva y Rocío Puiggros. Además de dos representantes de la que fue la Asociación de Damas de Minera Yanacocha, Adaminya, Carolina de Schwalb y Nélida de Díaz.

También asistieron Daniel Yataco, Ricardo Morales, Lucho Rojas, Alberto Lara, Juan Ramón Castagnino y algunos de los pocos que aún laboramos en la compañía, los últimos “Yanasaurios: una especie en peligro de extinción”: Ruth Rodríguez, José Chang, Leo Camacho, Tito Campos, Esaud Saleh, Gerardo Padilla y yo.

Por supuesto, sin nuestros contratistas, proveedores y asesores hubiera sido muy difícil llegar a ser la gran empresa que somos ahora. Ellos estuvieron representados por nuestros apreciados Mario Villavicencio (knight Piésold Consulting), Juan Lei (Translei), Miguel Mentzel (Zublin), Antonio Samaniego (VSV), Lucho Miranda y Marita Chappuis.

La historia que contó Len sobre la fundación de la empresa en su discurso de bienvenida al almuerzo fue emocionante. Nadie se animaba a invertir en el Perú de aquellos años marcados por el terrorismo y menos en un proyecto minero con un promedio de un gramo de oro por tonelada de tierra: otras minas dejan más que eso en sus relaves. El plan no parecía atractivo. Es que en nuestro país aún no se aplicaba la tecnología para operar una mina de oro diseminado, a tajo abierto, en canchas de lixiviación. Los mineros peruanos pensábamos en vetas.

Pero aceptamos el reto. El tiempo estaba de nuestra parte: en aquella época todo el mundo era joven y emprendimos con entusiasmo la “fascinante” aventura. Lo que más nos costó aprender no fue la nueva tecnología americana: los peruanos aprendemos rápido. Lo verdaderamente difícil fue el injerto de fuego para hacer nuestras las normas de seguridad industrial, el control medioambiental y la disciplina con que Newmont desarrolla todas sus operaciones. Esas normas no existían en el país. Tuvimos que romper muchas barreras culturales para implementarlas y llegar a ser los mejores.

Luego de varios años de exploraciones bajo la fórmula del Joint Venture, en enero de 1992 inscribimos la empresa en Registros Públicos, en julio recibimos la bendición del Directorio para arrancar con la construcción de la mina, el primero de agosto iniciamos la planilla de personal y exactamente un año después de denodado trabajo, el 7 de agosto de 1993, la Planta produjo la primera barra de Doré. Esta última fecha -se acordó en el Staff Meeting de marzo de 1997, fue designada como el Día Anual de Yanacocha.

“Yo me sorprendo cuando me entero que algunos proyectos nuevos programan dos y hasta tres años de construcción de mina para entrar en producción. Nosotros lo hicimos en un año”, dijo Len, orgulloso.

Y es que para todos nosotros es un verdadero orgullo pertenecer o haber pertenecido a ese grupo de profesionales peruanos que, como recordó Carlos Santa Cruz durante su intervención, aceptó y enfrentó con éxito el reto de conducir el proyecto Yanacocha desde su planificación en el papel, hasta verlo convertido en lo que es ahora: la mina de oro más grande del Perú y Latinoamérica.

Realmente fue y es una gran experiencia. De acuerdo a nuestro ex gerente de Control de Pérdidas, el popular y querido Félix Guerra: “El impulso de haber trabajado en Yanacocha, es una fuerza que hasta ahora, aunque ya no estamos en la compañía, nos empuja profesionalmente en cualquier lugar en el que nos encontremos”.

El reencuentro fue emotivo. Parecía y era en realidad una reunión de ex alumnos porque todos, tanto los que ya sabían como los que llegamos a aprender a Yanacocha, ganamos experiencia y conocimientos invalorables. Durante la reunión se expusieron algunas fotos de los comienzos de la operación que han quedado como mudos testigos de nuestro paso por la mina. Cada vez que las veo me quedo con la descorazonadora impresión de que los que estamos retratados allí somos los mismos de hoy, pero detenidos en el tiempo estático de una extraña dimensión.

Siempre he creído que un grupo de amigos y de compañeros de trabajo es bueno o es malo dependiendo de lo que es capaz de motivar en ti; si el hecho de estar, seguir su ejemplo o trabajar con ellos te convierte en una mejor persona y en un mejor profesional. Y en eso nuestra empresa es sobresaliente. Diecisiete años de trabajo constante, día con día, la calidad humana y el nivel profesional del equipo de hombres y mujeres que hacen de Minera Yanacocha una gran empresa peruana, lo están demostrando.

miércoles, 8 de julio de 2009

Diecisiete años


Parecía una Babel moderna. No tanto por el idioma inglés, el español o el spanglish de emergencia que se hablaba todo el día en el campamento, ni por las muchas nacionalidades representadas en esa pequeña porción de tierra en las alturas de Cajamarca: República Dominicana, México, Estados Unidos, Reino Unido, Filipinas, Bolivia, Australia, China, Sud África y Perú, sino por la diversidad cultural y la variada formación profesional de los trabajadores. Habíamos negros, blancos, trigueños, cobrizos, colorados y hasta amarillos. Geólogos, mecánicos, ingenieros civiles, de minas, operadores de maquinaría, administrativos, y obreros de todas las especialidades. A veces –como ocurre a menudo en nuestro país-, no nos entendíamos ni entre los mismos peruanos. No es verdad que el castellano sea un sólo idioma.


Por aquella época, subir a la mina tomaba dos horas de viaje en camioneta. En la temporada seca transitábamos por la trocha que serpenteaba la ladera hasta perderse en la última curva de la pajuela, en la cumbre. Pero cuando el camino estaba inundado y marcado por los surcos que dejaban la lluvia y el granizo, lo mejor era atravesar los pajonales. Enganchábamos la doble tracción y las camionetas cargadas de suministros trepaban los cerros rugiendo como animales de acero. Para los camiones, en cambio, la cosa era más difícil, como no podían hacer lo mismo, se atascaban con frecuencia y los sacábamos del barro con la ayuda de cargadores frontales o grúas que no siempre teníamos a mano.


El tránsito dentro del proyecto era impresionante. Una verdadera colmena de máquinas y gente. Era como uno de esos programas de Megaproyectos que transmite la National Geografic por televisión de cuando en cuando. Estábamos a fines de 1992, el país empezaba a respirar tranquilo después de la reciente captura de la cúpula de Sendero Luminoso, y hacía pocos meses, en julio, que el Directorio de la recién constituida Minera Yanacocha S.A. bajó la bandera que dio inicio a la carrera febril de construir la mina. El plan era ambicioso, teníamos un cronograma de actividades que pondría en marcha la operación en el plazo de un año. Un record mundial.


El campamento estaba ubicado en Pampa Larga. Era el tercero. El anterior, un edificio enorme de tapiales que construimos al pie de la laguna San José durante la etapa final de las exploraciones y para la puesta en marcha de la Planta Piloto, ya no se usaba. Le llamábamos “El Convento” por sus techos altos y a dos aguas, y los pasillos fríos y silenciosos de monasterio. Las habitaciones eran pequeñas y semejaban celdas de retiro por su decoración franciscana: las paredes desnudas y una cama pequeña con su mesita de noche eran todo el mobiliario. La construcción fue desechada porque el lugar pronto quedaría en medio de las operaciones mineras.


Para aquel entonces el primer campamento ya era sólo un recuerdo. Fue abandonado mucho tiempo atrás. Era una cabaña de madera con un comedor que hacía las veces de oficina, sala de dibujo y archivo de planos. Tenía, además, una cocina pequeña, un baño y dos dormitorios. Estaba instalada a trescientos metros de la laguna Yanacocha. Allí se hospedaron los jóvenes geólogos de Newmont que desde muchos años antes y durante varias campañas exploraron la zona en busca de los ocultos yacimientos de oro. Yo pasé una noche en esa casita prefabricada. Mejor dicho, dormí en un cobertizo anexo que hacía las veces de almacén y en el que había un camarote para huéspedes en exceso.


Llegué como turista en el verano de 1985. El Perú vivía la campaña electoral para las elecciones presidenciales que ganaría en abril Alan García con apenas 36 años de edad. En esa fecha, yo trabajaba en la Sociedad Minera BTX que se especializaba en exploraciones aéreas con helicópteros: desde la altura tomábamos nota del color oxidado de los cerros en el sur del país y ese era el primer indicio de las zonas mineralizadas interesantes. Miguel Cardozo, un buen amigo de siempre y gerente de exploraciones de Newmont de ese entonces, me invitó a conocer Cajamarca y el Proyecto.


Partimos de Lima y luego de un día y medio de viaje en camioneta, con descanso en el Hotel El Farol, en Casma, que por aquellos años más parecía un albergue de mochileros, llegamos a Cajamarca en las primeras horas de la tarde. Almorzamos en un restaurancito que ya no existe en el jirón El Comercio y cometí la barbaridad, entusiasmado por la proverbial calidad y el sabor de la carne cajamarquina, de comer un espléndido lomo fino, apenas llegado a la ciudad y justo antes de subir a cuatro mil metros de altura.


No olvido los detalles porque el malestar del soroche y el frío de la puna me hicieron pasar la peor noche de mi vida. A mí me tocó la cama de arriba del camarote. El techo glacial del cobertizo era tan bajo y lo tenía tan cerca que tuve la sensación helada de que en vez de frazadas me había arropado con las calaminas. Es cierto: cuando la temperatura es tan baja, ni siquiera se puede llorar de frío. Hasta respirar era para mí una tarea descomunal. En cuanto amaneció pedí por favor que me bajaran del campamento de inmediato. Apenas subí a la camioneta dije: “Ni más vuelvo”. Estaba equivocado.

Cinco años después, en 1990, regresé a Cajamarca con un contrato de prueba de tres meses y ya van 19 años que vivo en esta hermosa ciudad. Ya no era un invitado. Newmont Perú me contrató en Lima como administrador del proyecto de exploración Chaupiloma: así se llamaba uno de los varios denuncios que más tarde se convertirían en Minera Yanacocha. Efectivamente, dos años después de regresar, entre julio y agosto de 1992, se inició formalmente nuestra empresa adoptando el nombre quechua que significa Laguna Negra. La historia, a partir de allí, la conocemos todos porque hemos sido parte de ella.


Esos son los recuerdos que tengo fijamente grabados en el corazón más que en la memoria, y que revivo ahora que nuestra empresa cumple sus primeros diecisiete años de existencia. Aunque en todo este tiempo hemos vivido innumerables sucesos, buenos, felices y también algunos tristes, y se fundieron en una sola historia la vida de la compañía y la región, y la de miles de compañeros de trabajo, el tiempo pasó muy rápido. Parece mentira que diecisiete años puedan ser: tanto y tan poco tiempo a la vez.

jueves, 11 de junio de 2009

El Corpus Christi y los mineros de Cajamarca



Como todos los años en esta fecha, al igual que miles de compañeros que se levantaron de madrugada para asistir a sus labores en la mina, ubicada a cuatro mil metros de altura, el grupo de voluntarios de Yanacocha está en pie cuando aún no amanece. Ellos acudieron a la cita anual en la Plaza de Armas de Cajamarca para cumplir con su compromiso de fe: confeccionar la alfombra de flores y tierras de color por la que pasará la procesión esta mañana. Hoy es un día especial, es Corpus Christi.

Es la fría madrugada del jueves 11 de junio. El domingo pasado fue el octavo después del Domingo de Resurrección con el que culminó la Semana Santa. Un día tan importante que antaño se decía: “Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”. Hoy celebramos la Solemnidad que proclama la fe de nuestra Iglesia en que Jesucristo está presente en el Santísimo Sacramento. El mundo católico está de fiesta y Cajamarca se apresta a realizar la ceremonia eucarística con la rigurosidad y el rito que acostumbra: la procesión de los fieles en la que se exhibe la hostia, el mismo Cuerpo de Cristo, en una custodia.

En el siglo XIII, en la antigua Abadía de Cornillón, del pueblo de Lieja, en Bélgica, Sor Juliana, priora de la comunidad de las monjas Agustinas, tuvo una repetida visión: la Iglesia, representada por una enorme y hermosa luna llena, se le aparecía en sueños con una fea y desmerecedora mancha negra que, a interpretación de la religiosa, significaba la ausencia de la Solemnidad que venerara el Santísimo Sacramento. El obispo de Lieja, impresionado por los reiterativos relatos de Sor Juliana, ordenó la creación y celebración anual de la fiesta en su diócesis.

Años más tarde, al norte de Roma, en Bolsena, un sacerdote también recibió la gracia de una revelación: cuando oficiaba Misa vio salir sangre de la Sagrada Forma y empapar el corporal. La reliquia fue llevada en procesión al entonces Papa Urbano IV. El Santo Padre, sorprendido por el prodigio, extendió la fiesta del Corpus Christi a toda la iglesia, fijándola para el jueves después de la octava de Pentecostés. A su muerte, el Papa Clemente V ordenó una vez más la adopción de la fiesta que, finalmente, se oficializó en el Concilio de Trento.

Actualmente, el Corpus Christi no sólo se celebra formalmente en las ciudades de Cuzco y Cajamarca, también es un día festivo oficial en ciertas partes de España, Austria, Alemania, Suiza y Brasil. Además, se festeja en República Dominicana, Bolivia, Croacia, Polonia, Trinidad y Tobago, Portugal y Venezuela.

Cuando Jesús entró a Jerusalén, la gente lo recibió extendiendo mantos y hojas de palma a su paso. Era la manera respetuosa y a la vez alegre de recibir a los reyes en aquella época. Probablemente ese fue el inició de la tradición que nos trajeron los conquistadores desde el viejo mundo. Confeccionar una alfombra con tierras y flores desde las primeras horas del alba, aplicando especial esmero y destreza para que sea borrada pocas horas después al paso del cortejo, es una muestra de arte efímero que intenta representar la devoción de quienes participan en la tarea.

“Ayudar a elaborar la alfombra por donde pasará la procesión –dijo el trabajador de Yanacocha, Carlos Scerpella
- es nuestra manera de agradecer al Señor por todo lo recibido cada día de nuestras vidas, la salud, el amor de nuestros seres queridos, el tener trabajo y que éste sea una parte importante del bien de nuestra tierra y de nuestro país. Es muy grato que nuestra empresa se una a nuestro homenaje y representar a muchos compañeros que por diversos motivos no pueden estar con nosotros pero nos acompañan con su trabajo y oración”.

martes, 9 de junio de 2009

Yanacocha entregará 3 mil 478 cabezas de ganado a tres comunidades



Parece un inmenso bosque de piedras grandes y blancas en mitad de la jalca, como si un gran cataclismo de esos que cocinaron el planeta hace millones de años las hubiese dispuesto de esa manera, al azar, en ese orden desordenado que sólo sabe crear la naturaleza. Son las tres mil cuatrocientos setenta y ocho cabezas de ganado vacuno y ovino que la empresa minera Yanacocha entregará, el próximo viernes 12 de junio, a los campesinos de tres centros poblados de la zona de influencia de la mina durante una ceremonia simbólica en el campo ferial de Baños del Inca.

Se trata del proyecto: Mejoramiento de los Sistemas de Producción Familiar en los Centros Poblados de Combayo, Chanta Alta y El Alumbre, así, con todas sus letras, que la minera y el Fondo de Crédito para el Desarrollo Agroforestal – Foncreagro, otra institución privada, también impulsada por Yanacocha, convinieron en desarrollar con los mismos comuneros para mejorar la producción y productividad de la crianza de ganado vacuno y ovino en las inmediaciones de la mina.

El interesante y ambicioso proyecto es el resultado de un proceso de negociación con los campesinos de las poblaciones aledañas. Acuerdos formales que han permitido el acceso a nuevas tierras y generado viabilidad social para Yanacocha, y fueron posibles gracias al diálogo, el liderazgo constructivo de las comunidades y la buena disposición de todas las partes.

El convenio, dijo el gerente del área de Responsabilidad Social de la empresa minera, Livio Paliza, “Es un evento de trascendencia para nuestras comunidades aledañas y para nosotros como empresa social y ambientalmente responsable”. “Hemos alcanzado acuerdos que marcan un hito en la historia de Yanacocha y de la minería nacional, no sólo en cuanto se refiere a los niveles de consenso entre los veintiún caseríos involucrados para apostar por un proyecto común, sino también por el impacto positivo que tendrá en sus caseríos, sus centros poblados y la región”, añadió el funcionario.

Efectivamente, los acuerdos entre la mina y las comunidades vecinas demostraron que siempre es posible compatibilizar los intereses de la actividad minera con los intereses y derechos de la población. En este caso, gracias al liderazgo positivo de los mismos campesinos, ellos solicitaron el proyecto de mejoramiento ganadero y han asumido con optimismo el desafío y las riendas de su propio desarrollo.

Los campesinos beneficiarios del plan son moradores de los caseríos: Laurel del Valle, San Pedro, Bellavista Baja, El Porvenir, San Luis, Pabellón y Maraypata. También de las comunidades de Quinuapampa, El Milagro, Corralpampa, Progreso, La Libertad, Las Lagunas y Hierba Buena Chica. Y finalmente de La Florida, Cushurubamba, Bellavista Alta, Santa Rosa, Ventanillas, San Antonio de la Pachachaca y Totoracocha.

Los pobladores recibirán en total seiscientos cuarenta y cuatro cabezas de ganado vacuno Brown Swiss mejoradas que provienen de las zonas altas de Cuzco y Puno, y producen el doble de leche que nuestras vacas criollas. Asimismo, se les entregará dos mil ochocientos treinta y cuatro ovinos de las razas Corriedale y Junín con excelente rendimiento en carne y lana. Las ovejas vienen de las SAIS Túpac Amaru y Pachacutec, del departamento de Junín. Y, finalmente, un tractor agrícola New Holland con sus implementos de arado, rastra y carreta.

El proyecto, cuyo costo total sobrepasa los tres millones de nuevos soles, también contempla un plan de capacitación de un año de duración para los beneficiarios. “Esperamos lograr un incremento en los ingresos familiares y una capitalización de su explotación pecuaria al contar con animales de mayor calidad y precio”, manifestó el director ejecutivo de Foncreagro, Francisco Raunelli.

sábado, 16 de mayo de 2009

Trabajadores de Yanacocha marchan para exigir su derecho al trabajo



CAJAMARCA 15-05-09.- Alrededor de dos mil personas, entre trabajadores de la empresa Yanacocha y contratistas, marcharon ayer por las calles de Cajamarca para exigir que las autoridades protejan su “derecho al trabajo”.

Como se sabe, un grupo de pobladores de Choropampa, San Juan y Magdalena llevan más de una semana bloqueando la carretera que une a Cajamarca con el resto del país, llegando a poner en riesgo las operaciones mineras debido al desabastecimiento de insumos para su producción.

El motivo del bloqueo –dicen los protagonistas- es para exigir que la empresa minera pague una mayor indemnización por el derrame de mercurio que un camión transportista causó en el año 2000.
Aunque el caso fue llevado a juicio en el país y en Estados Unidos, por los mismos pobladores, y ya han sido zanjados la mayor parte de los reclamos, aún existen expectativas por obtener mayores beneficios económicos, que incentivan algunos líderes sociales.

Los bloqueadores han amenazado con radicalizar su actitud impidiendo el paso de combustible y el abastecimiento para los mismos pobladores de la ciudad, si el más alto funcionario de Yanacocha, Carlos Santa Cruz, no se acerca a negociar con ellos.

Al respecto, la respuesta de la compañía minera ha sido clara: “No vamos a ceder al chantaje de un grupo de personas que ha cometido el delito de bloquear la carretera. Sería un mal precedente para la empresa y para Cajamarca sentarse a dialogar con gente que está cometiendo un delito”, dijo el gerente de Asuntos Legales y Corporativos de Newmont, Javier Velarde.

Por su parte, algunos pobladores de Choropampa dijeron estar confundidos con lo que está ocurriendo. Sus líderes les han asegurado que aún pueden interponer demandas contra la empresa minera y les cobran dinero para contratar abogados, mientras que, por otro lado, les han informado que los plazos para iniciar acciones legales ya vencieron.

Durante la marcha, el minero Antonio Sevilla, manifestó que él y sus compañeros salieron a las calles para protestar contra el bloqueo de Choropampa que ha interrumpido el normal desenvolvimiento de su trabajo.

“Somos muchas personas que estamos dejando de trabajar, por eso solicitamos la presencia de las autoridades, del fiscal, del general de la policía nacional, a fin de que intervengan y se solucione el problema”, dijo el trabajador.

Luis Cabrera Noriega, otro trabajador de Yanacocha, expresó que: “Es lamentable que no haya resultados concretos por parte de las autoridades y eso incentiva a realizar este tipo de movilizaciones. Somos más de dos mil trabajadores que hemos salido a las calles para protestar reclamando solución al problema, porque pronto va a faltar insumos para que la empresa opere”.

Por su parte, la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía invocó ayer al Ministerio Público y al Poder Judicial que formulen las denuncias y sanciones correspondientes contra los responsables de estas acciones de violencia.

“Los peruanos no podemos permitir que en el país se den hechos de esta naturaleza. La democracia no es sinónimo de impunidad, razón por la cual es Estado peruano debe continuar adoptando las mediadas que sean necesarias para garantizar el principio de autoridad, el orden público y el respeto a las leyes”, manifestó el representante de esa institución.