lunes, 3 de octubre de 2011

Donde aterrizan los principios


Con la finalidad de informar a la colectividad cajamarquina sobre sus actividades y logros, Yanacocha presentará mañana en sociedad su Memoria de Sostenibilidad 2010 elaborada bajo sus propios parámetros y los del Pacto Mundial. El documento resume sus actividades y resultados económico, ambiental y social del año pasado. Resultados que, de acuerdo con el más alto funcionario de la empresa, Carlos Santa Cruz, “han beneficiado directamente al país, a nuestra organización y a nuestra región Cajamarca”.

“Los Principios del Pacto hay que aterrizarlos, no pueden ser algo gaseoso. Informar lo que hacen las empresas al respecto permite que estos valores ingresen al ADN de las organizaciones, impacta financieramente porque las hace mejores empresas, atrae al mejor talento humano y, sobre todo, contribuye a hacer una mejor sociedad”, dijo Diego de La Torre, Presidente de la Red del Pacto Mundial Perú –a la que pertenece Yanacocha-, durante la Jornada de Capacitación Sobre el Modelo de Gestión del Pacto Mundial realizada en Lima, en setiembre.

De la Torre se refería por supuesto al compromiso de las organizaciones adherentes al Pacto en todo el mundo, las cuales, además de implementar los diez principios famosos en su actividad, apoyando las metas de las Naciones Unidas, deben informar cada año a sus grupos de interés (empleados, accionistas, medios de comunicación, gobierno, y comunidad en general) el avance que tuvieron en hacer suyos y en aplicar dichos principios.

¿Cómo se hace esto? Simple. Hay que elaborar y difundir un documento llamado Reporte de Progreso, el cual puede estar incluido en el informe Financiero, de Sostenibilidad, u otro documento público importante que preparen las compañías sobre su desenvolvimiento en un ejercicio económico concreto. El reporte debe socializarse a través de los medios de comunicación o un sitio web y enviarse, en versión electrónica y en el idioma en que esté redactado, a la página de internet del Pacto Mundial en Nueva York.

Reportar es importante. En principio, porque si no se hace nada, no hay nada que comunicar. Luego, porque elaborar y difundir todo lo actuado promueve la transparencia y la responsabilidad de las empresas que se integraron a la red global voluntariamente. Es un asunto de compromiso, integridad y credibilidad. Difundir lo que se ha hecho, además, se convierte en un inventario ideal de buenas prácticas corporativas que los demás, cualquiera, puede imitar.

Aunque las empresas pueden elegir a su gusto o conveniencia la forma de presentación de sus reportes y las maneras de hacerlo público, en cambio sí existe un contenido básico que todas deben respetar: una descripción de las medidas prácticas adoptadas por el participante para aplicar los principios y una cuantificación de los resultados empleando, en lo posible, los indicadores elaborados por la GRI (Global Reporting Iniciative)

Esta última, la Iniciativa de Reporte Global es una institución formada por organizaciones de derechos humanos y laborales, investigación, medioambientales, y contables, con base en Ámsterdam que establece los indicadores para que los informes sobre los impactos económicos, medioambientales y sociales de las empresas sean más comparables y fiables, y se conviertan, también, en una medida razonable que permita la comparación entre las distintas organizaciones y sectores.

La Memoria de Sostenibilidad 2010 que hará pública mañana Yanacocha se convierte así en un documento formal de gran importancia para Cajamarca. “Para conocer algo hay que conocer bien sus detalles”, decía con razón un escritor francés. Los detalles de la actividad de la empresa más importante de la región están contenidos en ese documento. La empresa minera ha “aterrizado” en él todo su esfuerzo, principios, y compromiso cumplido de Responsabilidad Social. 

jueves, 29 de septiembre de 2011

Una visión compartida

Jornada de Capacitación Sobre el Modelo de Gestión del Pacto Mundial – Lima, 22 de setiembre de 2011

El Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Atta Annan, tenía el panorama muy claro cuando lanzó la propuesta de concertar un Pacto Mundial, ante el Foro Económico de las naciones el 31 de enero de 1999, en la ciudad de Davos, Suiza.

En el umbral del siglo XXI, urgían acciones para enfrentar los desafíos del nuevo milenio. Seis mil millones de seres humanos, el fenómeno de la globalización, conflictos de todo tipo, la lucha contra la pobreza y los efectos negativos del cambio climático, requerían del concurso de los líderes empresariales para unirse en un gran acuerdo que sincronizara sus actividades comerciales con los principios y objetivos de las Naciones Unidas.

Esa era la visión de Annan, un líder extraordinario al frente de las Naciones Unidas y premio Nobel de la Paz 2001, por hacer del nuestro “un mundo organizado y más pacífico”. Un pacto mundial que convocara a las empresas y organizaciones laborales y civiles de todos los países para sumarse a un gran proyecto de compromiso moral.

La tarea era simple: luego de reconocer las necesidades compartidas por todos en un mundo crecientemente globalizado, bajo ninguna legislación y obedeciendo a nadie más que a su propia razón, los suscriptores del acuerdo debían implantar en sus estrategias de creación y crecimiento, y operaciones de todos los días, diez principios que encaminaran a la humanidad hacia “una vida mejor para todos nosotros y para nuestros hijos”.

Esos diez principios, contenidos en el Pacto del que somos adherentes por nuestros cuatro costados –Yanacocha, Buenaventura, Newmont y el Banco Mundial-, son:

Derechos humanos

Principio 1: Las empresas deben apoyar y respetar la protección de los derechos humanos fundamentales a nivel internacional dentro de su esfera de influencia.

Principio 2: Asegurarse de que sus propias corporaciones no actúan como cómplices en la violación de los derechos humanos.

Trabajo

Principio 3: Se pide que las empresas apoyen la libertad de afiliación y el reconocimiento efecto del derecho a la negociación colectiva.

Principio 4: Que promuevan la eliminación de todo tipo de trabajo forzoso y obligado.

Principio 5: Que promuevan la erradicación del trabajo infantil.

Principio 6: Que promuevan la eliminación de la discriminación con respecto al empleo y la ocupación.

Medio Ambiente

Principio 7: Se pide a las empresas que fomenten los enfoques preventivos ante los desafíos medioambientales.

Principio 8: Lleven a cabo iniciativas para fomentar una mayor responsabilidad medioambiental.

Principio 9: Faciliten el desarrollo y la divulgación de medios tecnológicos respetuosos con el medio ambiente.

Anti corrupción

Principio 10: Se pide a las empresas trabajar contra la corrupción en todas sus formas, incluyendo la extorsión y el soborno.


Nuestro compromiso, al igual que las otras 91 organizaciones con las que conformamos la Red Perú del Pacto Mundial, consiste, además de la aplicación de los principios, en promocionar los mismos y dar cuenta a la sociedad -“con publicidad y transparencia”- de los progresos que realizamos en su aplicación.

De estos temas, nuestro liderazgo; la evaluación de riesgos y oportunidades; la definición de metas, estrategias y políticas; la medición y el monitoreo; así como la comunicación de nuestros progresos con relación a los principios enunciados, y la elaboración de reportes, trató la Jornada de Capacitación Sobre el Modelo de Gestión del Pacto Mundial, realizada en Lima el Jueves pasado y en la que también participó nuestra empresa.

martes, 20 de septiembre de 2011

Nuestra casona de la cultura

Centro de Información y Cultura de Minera Yanacocha – Jr. Del Comercio N° 251 Cajamarca

Todo empezó cuando nos topamos con esa casona bella y antigua al límite del Centro Histórico de la ciudad. Buscábamos un nuevo local para nuestras oficinas que estuviera, de preferencia, en una zona de mucho tránsito. El inmueble, propiedad del Obispado de Cajamarca, estaba situado en la segunda cuadra del Jr. Del Comercio y había funcionado hasta pocos meses antes como sede de un importante Banco comercial.

La ubicación era ideal. Además de oficinas, el proyecto del nuevo local propuesto por Peter Orams, gerente de Medio Ambiente de aquel entonces, incluía un Centro de Información al servicio de la comunidad. Un lugar accesible al que pudieran acudir los estudiantes, profesores, profesionales y vecinos en general, para informarse sobre las operaciones, el manejo ambiental y las actividades de Responsabilidad Social de nuestra empresa.

El proyecto era parte de nuestro esfuerzo por facilitar la comunicación con la comunidad. En una oportunidad el Alcalde Luis Guerrero, quien gobernaba la ciudad con esas manos grandes y el ímpetu capaces de detener a un toro de lidia, le preguntó a nuestro gerente general Len Harris: ¿Cómo hago para hablar con ustedes si todos están trabajando en la punta del cerro? Ese comentario cierto y bien intencionado fue, de hecho, la razón para que se creara la primera oficina de Relaciones Públicas de Yanacocha que funcionó durante muchos años en la cuadra tres del Jr. Dos de Mayo –sede actual de la Cámara de Comercio de Cajamarca-, e inspiró más tarde la creación del Centro de Información.

Desde la instalación del Centro, hace algo más de lustro, cualquier persona -con buena o mala leche- que quisiera enterarse de los procedimientos, procesos de la operación, disposiciones de material, producción, adquisiciones, resultados económicos, gestión del agua, Estudios de Impacto Ambiental o cualquier otro tema relacionado con Yanacocha, podía hacerlo sin mayor esfuerzo ni costo alguno. Por ello, sabe a teatro cuando alguien “descubre” algún dato “oculto” que ya La Mina había puesto a disposición del escrutinio público, a apenas cuatro cuadras de nuestra Plaza de Armas.

Con el tiempo, el servicio de informar, la disposición de las bibliotecas física y virtual, la hemeroteca y el uso gratuito de Internet para los estudiantes, se extendió a otras actividades como el dictado de conferencias sobre ecología, medio ambiente, minería, educación y turismo, entre otros temas de importancia para el desarrollo para la región.

Poco a poco el espacio se fue utilizando, también, para difundir nuestra cultura cajamarquina. Gracias a sus cómodas instalaciones, el lugar empezó a emplearse como sala de exhibición de pinturas, esculturas y fotografía; y su auditorio, se prestó como un escenario magnifico para las presentaciones de nuestros músicos y otros artistas. El Centro de Información creció y se convirtió así, desde hace tres años, en el Centro de Información y Cultura – CIC. Un espacio y oportunidad para acoger y difundir el talento de nuestros artistas, tanto de los afamados como de los desconocidos.

Yanacocha decidió impulsar, aún más, la actividad cultural del Centro, encargando su dirección a nuestro dilecto compañero de trabajo William Guillén Padilla. William, para quien no lo sepa, ha publicado dos libros de poesía: Soliloquios de Homo sapiens y Planetario Astral; cuatro libros de cuentos: Los escritos del Oidor, Lo que yo Barman oí, Actos & Relatos y Microcuentos. De esta última obra, la escritora Dora Varona, viuda de nuestro consagrado novelista Ciro Alegría, comentó: “maneja el micro-cuento con humor fino y en un estilo sin precedentes en nuestra literatura”.

La obra de William ha trascendido nuestras fronteras y está incluida en antologías de España, Argentina, Venezuela, México y Perú. La Maison de l´Amérique Latine en París y McNally Jackson Books en New York, han sido dos de los lugares donde ha presentado su trabajo literario y editorial.

Además de músicos, pintores, escultores, cuenta cuentos, titiriteros, hacedores de máscaras y caricaturistas, el CIC ha sido honrado con la presencia de varios poetas. Este jueves 22 de setiembre, precisamente, se presentará en sus instalaciones la conocida poetisa cajabambina Lilian Goicochea Ríos -una estupenda persona a quien tengo el honor de conocer desde hace muchos años-, quien acaba de grabar el CD Amor y Verso, que ofrecerá a todos los asistentes al evento, en sus propias palabras, como: “un ramillete de poesías que llevan mi amor por la vida, la naturaleza y el ser humano”.

La poesía de Lilian es agradable para leer y más aún para escucharla declamada por ella misma. Su obra es clara y no tiene misterios ni miradas complicadas. Por el contrario es sencilla, elegante y muy humana. Se aprecia el buen gusto, la inteligencia y el oficio. Quienes asistan el jueves a esta fiesta en nuestra casona de la cultura apreciarán en carne propia la experiencia de que hablaba el gran Mario Vargas Llosa: “Sentimos que la poesía, la cultura, son lo mejor de la vida, gracias a ellas, ésta se convierte en un interminable festín”.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Una amalgama de oportunidades

Edwin Amoretti y Jorge Vergara, funcionarios del área de Responsabilidad Social de Yanacocha, entregando las reses del programa: Mejoramiento del sistema de producción agropecuaria en los distritos de Cajamarca y La Encañada.

Santos Chilón estaba entusiasmado. “Con estos animalitos vamos a mejorar nuestras economías”, me dijo el viernes pasado durante la ceremonia de donación de 833 cabezas de ganado que realizó Yanacocha en el fundo El Porongo, en Cajamarca. Santos explicó que gracias a este nuevo apoyo de la empresa minera –fue la segunda entrega de reses Holstein y Brown Swiss en el año-, su familia y su comunidad producirán más leche y queso, tendrán más tareas en las cuales invertir su tiempo, y, con el dinero de la venta de sus productos, sus hijos podrán ir al colegio para tener un futuro mejor. “Nosotros dependemos de los animalitos para mantener a nuestras familias”, contó Chilón.

La frase no fue una metáfora. En esos nobles animales, donde algunos sólo ven innumerables platos de lomo saltado y cientos de sabrosas hamburguesas, la gente que vive en el campo encuentra muchas veces su sustento diario, una fuente de trabajo y la oportunidad de desarrollo para ellos y sus hijos.

Esa declaración sencilla me reveló de golpe los extremos de este mundo a medio globalizar, donde la mitad de la humanidad, que insiste en llamarse civilizada porque vive en grandes centros urbanos, ignora totalmente cómo vive la otra mitad que lo hace en el campo o en las urbes pequeñas de nuestros países subdesarrollados. Una prima japonesa que me visitó el año pasado, sufrió una impresión irreparable y decidió no volver a comer pollo cuando vio como se les retuerce y corta el pescuezo a esos pobres animales antes de sumergirlos, medios vivos todavía, en ollas pestilentes de agua hirviente para sacarles las plumas en esos mataderos bárbaros de nuestros mercados de barrio. En sus veinticinco abriles jamás había visto un pollo vivo. Hasta ese azaroso día los había comprado en empaques asépticos y bellamente presentados en los supermercados nipones.

Sin ir muy lejos, ni tener que cruzar el océano, la misma situación se puede observar en Lima. Algunos colegios organizan excursiones al distrito turístico y ecológico de Cieneguilla, ubicado a 380 metros sobre el nivel del mar y a sólo 20 kilómetros de distancia del centro de la ciudad, para que sus alumnos comprueben, por experiencia propia y con los ojos bien abiertos, que las vacas, los pollos y los patos existen en la vida real y no sólo en la televisión; y que la leche, los quesos, la mantequilla y los huevos que beben y comen cada mañana en el desayuno, son productos casi naturales que no provienen del todo de una fábrica, sino, que se producen, como dijo Gabriel García Márquez, en el campo: “ese lugar donde los pollos se pasean crudos”.

En el otro lado del espejo, Santos Chilón es un hombre de campo que convive feliz con sus animales y la naturaleza. No obstante, aunque las cosas y ajetreos de la ciudad le son ajenos, él tiene que insertarse de uno u otro modo en el mundo competitivo de la economía de mercado para elevar su nivel de vida y lograr que el viento de las oportunidades toque a los suyos. Para eso necesita ayuda. Es así que su familia ha sido considerada entre las cuatro mil quinientas beneficiaras del programa: Mejoramiento del sistema de producción agropecuaria en los distritos de Cajamarca y La Encañada, que Yanacocha ha puesto en marcha a través de su asociación civil Foncreagro. El proyecto consiste en la entrega de la empresa minera a los pobladores de ambos distritos, de seis mil quinientos animales de raza –entre vacunos y ovinos- más dos tractores agrícolas. La inversión total está calculada en tres millones de dólares y el objetivo es contribuir a aliviar la pobreza y mejorar la calidad de vida de las poblaciones vecinas a su actividad minera.

Por supuesto, no es una tarea corta ni sencilla. En ella están contempladas las actividades de sembrado y riego de pastos adecuados, estricto control de la salud de los animales, capacitación y acompañamiento técnico en la adaptación a la zona y su desarrollo. La sola puesta del ganado en Cajamarca representó un logro inmenso: los campesinos designados y los técnicos especialistas viajaron a Sicuani en Cuzco, Ayaviri en Puno y Pedregal en Arequipa, para seleccionar y adquirir las mejores terneras. Se necesitaron arduas jornadas de viaje en bus, cientos de horas/hombre dedicadas a la tarea, decenas de camiones transportadores de carga y toneladas de buen forraje, para poner el ganado en excelentes condiciones en nuestros establos.

Hace unos días una periodista me preguntó, con ocasión del aniversario número diecinueve de Yanacocha, cuál era, en mi opinión, el efecto más resaltante causado por la empresa en Cajamarca. Hace diecinueve años –le respondí- los jóvenes que terminaban el colegio me contaban sus planes de viaje a la Costa en búsqueda de trabajo o para continuar sus estudios. Las familias se rompían, irremediablemente, debido a la falta de oportunidades en la localidad. Hoy en día, gracias a la dinamización económica impulsada por la actividad minera, la situación ha cambiado: poco a poco, los que se fueron están regresando y cada vez son menos los que quieren o tienen que marchar.

Mientras el buen Santos Chilón miraba emocionado las reses que “mejorarán su economía”, yo veía, además, una amalgama de nuevas oportunidades para los suyos. Esas oportunidades son, en esencia, el efecto mayor y su gran valor intangible: La operación de Yanacocha es la actividad que más ha contribuido para mantener unidas a miles de familias cajamarquinas.

domingo, 7 de agosto de 2011

Viaje a mis inicios

La empresa me asignó la camioneta amarilla, una pick up en la que emprendí viajé con mi familia en febrero del 91 trayendo algunas cosas personales, la computadora de la oficina -una IBM monocromática con sistema D.O.S.-, y dos cachorros: Yogui y Trompita. Los nombres se los puso Janako, mi hija de cuatro años. Hasta esa fecha habíamos vivido en nuestro departamento en Lima y nos animamos a viajar debido al clima benéfico de Cajamarca. “Jana” acababa de salir de una neumonía.

Llegamos al distrito de Baños del Inca de noche, bajo una lluvia de aquellas que te mojaban completo y te obligaban a detenerte a un lado de la pista porque no se podía ver a cinco metros de distancia. La vivienda tenía un portón de madera y un patio delantero enorme que en el futuro sería ideal como garaje, por eso la alquilamos. Contaba con dos piezas grandes en el primer piso que ambientamos como oficina de Newmont Exploraciones Perú y un segundo nivel con dos dormitorios, una sala comedor, un baño y una cocina. Esa fue nuestra casa.

Atrás, al fondo, había varios ambientes pequeños que habilitamos como dormitorios del personal de seguridad. Cuatro jóvenes de la compañía Forza que custodiaban por turnos el local y dos guardaespaldas que me acompañaban a todas partes. Todos iban armados. Eran los años del terrorismo y la nuestra era una empresa especialmente en riesgo: manejábamos explosivos y productos químicos que podía utilizar el narcotráfico.

Nuestra llegada ocurrió en los últimos meses del Proyecto. Yo fui contratado como administrador y algunos meses después, cuando alcanzamos los primeros cien trabajadores, a mi esposa, Maribel, le pidieron hacerse cargo del área de Personal. La etapa de exploraciones de esa fase estaba por terminar. Además del resultado de la Planta Piloto, sólo faltaba una campaña de Perforación Inversa a cargo de la compañía chilena Harris. Ellos trasladarían por tierra sus equipos de camiones y torres gigantes de color rojo bombero, desde la ciudad de Antofagasta hasta el punto más alto de Cajamarca.

Construir entre cerros -entre los 3.500 y los 4.000 metros- los accesos y las plataformas para que pudieran perforar fue un reto enorme, tan grande como transportar y custodiar la maquinaria y al equipo de trabajadores –de ida y vuelta- que vinieron desde el hermano país sureño. Esta última fue tarea de Leo Camacho. Habilitar los caminos y los puentes que no estaban diseñados para el paso de semejantes monstruos mecánicos fue una labor descomunal que involucró a ingenieros y mucho personal especialmente capacitado. Todos ellos también estuvieron en riesgo por el terrorismo demencial que no respetaba nada ni a nadie.

Al cabo de pocos meses la Planta cumplió su objetivo y la campaña de perforación terminó, se cubicó el material, se afinaron los detalles, y el Directorio, en una decisión histórica, en julio de 1992, anunció la puesta en operación de la que sería y es actualmente la mina de oro más grande de Sudamérica: Yanacocha. ¿Por qué fue histórica? Simple. Porque si esa inversión no se hubiera realizado por temor a la situación política del momento, ni Cajamarca ni el Perú tendrían hoy las condiciones de bienestar ni la oportunidad de desarrollo que nos destacan en la región y nos reconoce el mundo entero.

Han pasado casi dos décadas desde nuestra constitución. Hoy, domingo 7 de agosto se cumple el 19 aniversario de la creación de nuestra empresa. La fecha se fijó en una de las muchas y continuas reuniones de gerencia que se realizaban en una especie de contenedores de madera, que hacían las veces de oficina en los primeros años de la operación. Juan Gavidia, un caballero y buen amigo, gerente administrativo de aquel entonces, propuso el día de la celebración y éste se acordó por unanimidad.

Este cumpleaños, no obstante, tiene un carácter especial. Hace un par semanas se repitió la historia. El Directorio, al igual que hace diecinueve años, también en julio, como si hacerlo en ese mes fuera una cábala certera para el éxito, anunció la puesta en operación del proyecto de oro y cobre Conga que demandará una inversión de más de cuatro mil millones de dólares y generará, durante la etapa de construcción, cinco mil nuevos puestos de trabajo en esta bendita tierra del norte de nuestro país.

Nos lo dijo nuestro Vicepresidente Carlos Santa Cruz: El hecho de que esta noticia llegue en vísperas de Fiestas Patrias y cuando se inicia un nuevo gobierno del país, nos invita a reflexionar acerca de la importancia de nuestro trabajo diario y el compromiso que tendremos que demostrar día a día para alcanzar las metas que nos hemos trazado como empresa y como personas. Felicitémonos por este importante logro, que es fruto de un trabajo bien realizado. Ahora tenemos un nuevo desafío por delante, vamos a ejecutarlo con agilidad y coraje, como lo hemos sabido hacer en anteriores ocasiones”.

Esa invitación a reflexionar sobre nuestro trabajo y compromiso me llevó a recordar la época de mis inicios en la empresa. Diecinueve años después el viaje que emprendimos en el verano del 91 continúa. Janako, la niña que con inocencia mostraba su muñeca al agente que cumplía su turno con su fusil a la espalda, ya terminó la universidad. Actualmente es Administradora de Empresas y este domingo, precisamente, está en México laborando para una compañía consultora internacional. Mi familia, así como muchos miles de familias cajamarquinas y de todo el país, ha crecido y seguirá creciendo al lado de esta empresa minera formidable que es nuestra: de todos los trabajadores y sus familias, de todos los cajamarquinos y de todos los peruanos.

sábado, 28 de mayo de 2011

Apuntes históricos

Juramentación de la Junta Directiva  /  Periodo 1997 1998

La ex presidente de la Cámara de Comercio y Producción de Cajamarca Emperatriz Campos Saldaña y su Junta Directiva, culminaron su mandato el año pasado con un broche de oro singular: la edición del libro Apuntes Históricos 1930 – 2010, conmemorando los ochenta años de creación y desarrollo de esa institución empresarial. La obra fue presentada en sociedad el mes de diciembre último en el hotel Costa del Sol.

El trabajo de investigación, recopilación y edición fue encargado al prestigioso historiador cajamarquino Julio Sarmiento Gutiérrez. El libro, dijeron los representantes de la Cámara, “Constituye una importante fuente de información de lo que ha vivido esta institución gremial desde sus inicios y la lucha constante de las diferentes directivas e integrantes para mantenerla y fortalecerla como un ente de oportunidades para el desarrollo local”.

Emperatriz Campos y su equipo de directores –con una muestra de buena cuna y educación- agradecieron en sus primeras páginas al Dr. Sarmiento por su dedicación y empeño para la elaboración del libro, a las familias Quispe Pastor y Vigo Esaine por su apoyo fotográfico para ilustrar la historia de la institución, y a sus distinguidos socios Minera Yanacocha S.R.L., Lumina Copper S.A.C., Gold Fields La Cima S.A. y al Grupo Norte, por el financiamiento de la publicación.

El trabajo del Dr. Sarmiento narra, con el tono de un bien enterado documental, el devenir de la Cámara desde su creación, el 26 de marzo de 1930, siendo su fundador y primer presidente Patricio E. Doig Lora, entonces administrador del Banco del Perú y Londres en nuestra ciudad, hasta nuestros días en que, a diferencia de las décadas pasadas, el motor del comercio y la economía cajamarquina es –mientras la apoyemos todos- su próspera actividad minera.

Mi mandato como presidente de la Cámara de Comercio de Cajamarca fue durante los años 1997 y 1998, cuando era Jefe de Relaciones Públicas de Yanacocha. Fui elegido para representar a sus asociados gracias al excelente grupo de directores que me acompañó y a las recomendaciones de campaña electoral de nuestro entrañable Ciro Arribasplata quien apadrinó la Lista con la generosidad y el entusiasmo irrefrenable que pone en todos sus proyectos.

En la Vicepresidencia estuvo Genaro Celis, dueño de Establecimientos Celis que fundó junto a su hermano, Don Eleodoro, y convirtió en una de las empresas más importantes de la localidad. Fueron parte de la Directiva Alberto Lara, ex compañero minero quien actualmente gerencia su propia empresa dedicada al rubro de la salud; y Enrique Burmester, empresario también cuyos hijos, en ese entonces estudiantes, hoy también están vinculados a la actividad minera en sus profesiones y negocios.

Me acompañaron igualmente César Díaz y Luis Gálvez, contratistas de mina en aquel entonces. El hijo de este último, Mario Gálvez Andabak, casado con una estimada funcionaria de la mina, dirige con acierto su propia empresa, Consermin, junto a otros profesionales cajamarquinos valiosos dedicados también al rubro minero.

Otro miembro de la Directiva fue mi apreciado amigo y compañero de trabajo Federico Schwalb. Federico era en aquellos días gerente de operaciones de Yanacocha, la mina de oro más importante de Sudamérica y por supuesto de nuestra región. Luego fue gerente general de la empresa y actualmente está al frente de un importante proyecto minero al sur del país.

Asimismo, fueron parte del equipo Juan Diez de la Oliva y Walter Chirinos Morales, ambos altos funcionarios de la banca comercial a quienes les perdí la pista cuando sus responsabilidades laborales los llevaron fuera de nuestra ciudad.

A quien también dejé de ver, pero le seguí los pasos a través de la Internet fue a nuestro director y past presidente de la Cámara Regional de Turismo de Cajamarca, Danilo Gutiérrez. Danilo publicó en el 2008 los “apuntes históricos” de su propia vida en el libro Aunque sea sólo en sueños, en el que rememora sus aventuras y nostalgias de cuando era adolescente y vivía en el distrito limeño de Miraflores.

Por último, fue igualmente parte de la Directiva Jorge Rojas Mori, un gran colaborador y emprendedor incansable definido por el mérito, entre los muchos que posee y que le conocemos, de ser un hombre de familia y empresario correcto y bien intencionado.

¿Qué fue lo que nos unió para trabajar por la Cámara? Simple. Además de la amistad y el compañerismo, nos unió la visión compartida de que las regiones son tan prósperas y progresistas como lo son sus empresas. La convicción de que la calidad de nuestra sociedad depende del tipo de empresas que tengamos. Pueden ser dinámicas e innovadoras, competitivas, o de bajo rendimiento técnico y profesional que las hacen insolventes financiera y moralmente. Ellas son el espejo que nos refleja.

Con esa visión nos dedicamos a la tarea de dar la pauta y señalar el derrotero a seguir por aquellos empresarios que no acababan de entender las reglas de un mercado cada vez más competitivo, que los insertara en el círculo virtuoso del crecimiento y el progreso: inversión, producción, venta, ahorro, más ahorro y más inversión y así incesantemente, en un proceso elemental de acumulación de capital.

La lectura del libro Apuntes Históricos me reveló de pronto cuánta vida mía y la de muchos buenos amigos, la de la Cámara de Comercio y sus miembros, la ciudad y su mina Yanacocha, se entrelazó para siempre en las dos últimas décadas y cuánto hemos cambiado juntos desde que fui Presidente de esa noble institución hace ya catorce años.

lunes, 2 de mayo de 2011

Días de radio

No sé por qué le pusieron “Rayo”. Quizá no hubo un motivo especial. Fue en el comienzo, por 1990, cuando Yanacocha aún no se llamaba Yanacocha y la mina aún no era una mina. El estuvo entre los primeros trabajadores de ese proyecto que años más tarde se convertiría en una empresa magnífica: la mina de oro más grande de Sudamérica.

Todos teníamos apelativo en ese entonces. El mío era “Mae Víctor” y otro que recuerdo, por lo pegajoso, era el de José Quiroga, “LQ”: Loco Quiroga. Así lo llamábamos desde que se descolgó por un precipicio del cerro Carachugo, con una máquina perforadora en la mano, para tomar una muestra de roca. Nadie se libraba, geólogos y gerentes, a todos se les asignaba un apodo de seguridad en el momento de incorporarse al proyecto mientras nos transformábamos, lenta y apresuradamente a la vez, en una gran operación minera.

Viéndolo ahora es difícil imaginar cómo fueron esos años. Basta decir que en aquella época muy pocos aceptaban trabajar con nosotros. ¿Por qué? Porque el viaje a la zona de trabajo, que tomaba más de dos horas desde la Plaza de Armas, era un tormento. Íbamos saltando dentro del vehículo por los encalaminados del terreno en época seca y nos quedábamos atascados en las trochas de barro durante las temporadas de lluvia.

Porque subíamos los domingos por la mañana, para no bajar hasta el viernes o el sábado siguiente si el clima lo permitía. A veces teníamos que permanecer arriba hasta quince días seguidos. Ya no son frecuentes, como antes, esas lluvias colosales que no paraban durante días enteros, ni las neblinas espesas que nos obligan a detenernos a la mitad de una colina porque no se veía a cinco metros. Ni ocurren esas granizadas de miedo que en pocos minutos volvían de hielo los malos caminos y los cerros.

Porque cuando las trochas se volvían imposibles para las camionetas, nuestros compañeros geólogos, acostumbrados a recias caminatas por el campo y las lomas, bajaban a pie durante horas por “la verana” que era la ruta contraria, desde el cerro San José hasta llegar “al cerrillo”, atrás del aeropuerto; sólo para hablar por teléfono algunos minutos con la familia que estaba lejos, en otra parte del país, y calentar los huesos en esas benditas aguas termales de los Baños.

Porque el congelador de alimentos era el medio ambiente y la única tecnología de punta en la cocina era el enorme cuchillo de matarife que el “Chino” Carlos Sánchez, nuestro buen cocinero, manejaba con la maestría de un chef de sushi. El campamento era eso: un campamento. Primero con carpas y después con paredes de tapial por donde se colaba el viento helado de la puna para enfriarte la sangre y los huesos; y porque el frío más intenso no era ese sino el no saber de tu familia en toda una semana. En aquellos años no existía la Internet y los celulares eran ciencia ficción.

Nuestra primera oficina, en el jirón Pachacutec de Baños del Inca, un local llamado la “Casa del Zoilo”, porque ese era el nombre del dueño y de su restaurante de pescados y mariscos que funcionó antes en el lugar, tenía un teléfono de baquelita negra al que había que darle cuerda para comunicarnos con la central que quedaba frente a los baños termales. Desde allí la operadora se comunicaba con la oficina de la Compañía de Teléfonos en el centro de la ciudad y recién entonces podíamos hablar con Cajamarca o con Lima.

Quizá por esto último precisamente, porque no teníamos teléfonos en el proyecto, es que nuestro compañero Manolo Castañeda, “Rayo”, se hizo tan necesario, querido y popular: él era el hombre de la radio. Nuestra única forma de comunicación. Manolo transmitía las órdenes, las instrucciones y los mensajes, de ida y vuelta, a todos los trabajadores en toda el área de la exploración y la oficina de Baños. Lo hacía desde una cabina unipersonal de madera y vidrio, de dos metros por dos, a tres mil ochocientos metros de altura, en pleno descampado, durante jornadas que excedían largamente el horario formal. No vivíamos para trabajar, vivíamos trabajando que no era igual.

Manolo, a través de la radio, era la única compañía y posibilidad de auxilio durante los viajes de ida y vuelta en solitario al campamento. Había zonas muertas donde perdíamos comunicación con él y quedábamos a nuestra suerte en esos caminos por donde sólo transitaban los duendes. Tampoco escuchábamos música porque la señal de las emisoras alcanzaba mal sólo los límites de la ciudad. Eran de antología las divertidas discusiones por radio -que por supuesto también las había- en las que se enfrascaban, de cuando en cuando, Manolo y el tío Pepo, Napoleón Portal, el chofer oficial del proyecto. Siempre las zanjaba este último con un: “Ya Rayito, cálmate, hablamos después”.

Manolo se retiró de Yanacocha hace tres años. Siguió siendo bañosino porque ese era su barrio de toda la vida. Su voz, lamentablemente, se apagó para siempre el pasado sábado 23 de abril. Nuestro recordado “Rayo” falleció de un infarto al corazón mientras dormía. Como dicen, los amigos vivirán por siempre en nuestra memoria. “Rayo” vivirá por siempre, también, en esos ecos del corazón que aún rebotan los mensajes de radio entre los que compartimos la vida y la aventura de aquellos buenos años.

Querido “Rayo”, descansa en paz… cambio y fuera.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Una "caricia" laboral



Cuando recibí la invitación a la ceremonia de Premiación al Trabajador Destacado del 2010 me sentí, guardando las distancias, como dicen que se sintió Mario Vargas Llosa al enterarse de que le habían otorgado el Premio Nobel de Literatura: “gratamente sorprendido”. Si él se sintió así, fue probablemente porque todos los años, ya fuera nominado formalmente por la academia sueca o informalmente por sus millones de lectores, inexplicablemente, nunca le concedieron el premio a pesar de ser un novelista extraordinario. Yo, en cambio, no esperaba el reconocimiento especial de mi empresa porque no creo tener merito alguno, mayor que cualquiera de mis tres mil compañeros de trabajo, para merecer la distinción.


Es cierto, todos los que trabajamos en Yanacocha, contratistas incluidos, sabemos lo que nos cuesta producir una onza de oro. Está para contarlo el personal administrativo. Aunque muchos siguen laborando en la operación, la mayor parte tiene ahora la suerte de trabajar en la ciudad. Esas subidas y bajadas de la altura hacen que uno se sienta como esos globos de fiesta que los inflan y desinflan varias veces: estirados y arrugados. Recuerdo lo difícil que era conseguir personal cuando iniciamos la empresa: había muy poca gente dispuesta a trabajar a 3.800 metros de altura. Los geólogos también pasan lo suyo, son incansables exploradores que buscan nuevas reservas bajo las duras condiciones del clima y, a veces, bajo el mal recibimiento de algunos pobladores. Tienen además sobre sus hombros la presión de que nuestro futuro, el de nuestras familias y el de toda la región dependen de su éxito. Que tal responsabilidad.


Es admirable también el trabajo que realizan los colaboradores de Mina y en especial el de los operadores. Ellos saben, como nadie, el esfuerzo que demanda ganarse la paga de cada día. Lo hacen en guardias de día y de noche, alejados por turnos de sus familias. Hay que ser gente muy dura para soportarlo. Más aún, considerando que en ese equipo laboran muchas mujeres que, además, son madres de familia. Son personas especiales. Tampoco la tienen fácil los compañeros de Responsabilidad Social. El suyo es un trabajo descorazonador: dedican su tiempo a construir buenas relaciones con nuestros vecinos, mientras que otros, por intereses personales, dedican su vida a destruirlas.


Lo dijo nuestro Vicepresidente de Newmont para Latinoamérica Carlos Santa Cruz, durante la ceremonia de premiación del jueves: “Todos los trabajadores de la empresa, sin excepción, hacen una labor extraordinaria, no obstante, esta noche, queremos reconocer a aquellos colaboradores que hicieron un esfuerzo adicional, que dieron un paso más para lograr las metas y alcanzar los objetivos de la compañía”.


Los expertos en dirigir, instruir y entrenar personas, aseguran que las empresas más eficaces son las que poseen una cultura de reconocimiento, sus gerentes conocen la importancia de esa actitud y la utilizan como parte de sus valores empresariales. En el mundo de los Recursos Humanos, que es un mundo de detalles, algunos llaman a esas atenciones de reconocimiento: “caricias laborales”. Acariciar –dicen- es ser sincero, emocional, acordarse de los nombres de los colaboradores, recordar datos de su vida personal y, entre otras cosas más, reconocer el esfuerzo personal que realizan algunos colaboradores y que los distingue de los demás. Eso es lo que está haciendo nuestra empresa.


Además de quedar sorprendido por la designación como el mejor trabajador de mi área, mi segundo sentimiento fue de consternación por dos motivos. El primero, por lo que me vino a la cabeza inmediatamente: “¿Y ahora qué digo?”. Nos pasa a casi todos cuando tenemos que vivir la tragedia de hablar en público: no se nos ocurre nada. Y el segundo, fue aún más aprensivo. Recién caí en la cuenta de que en esta elección tengo una considerable ventaja: yo soy el único trabajador de la Oficina de Atención al Público.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Nuestra oficina de Atención al Público


El mes pasado participamos en un Workshop en Lima. La Oficina de Atención al Público de Minera Yanacocha (oficina de Consultas y Quejas) estuvo representada por Carlos Scerpella en el taller Manejo y resolución de inquietudes y conflictos a nivel local organizado por el Consejo Internacional de Minería y Metales (ICMM)

El Consejo es una organización liderada por directores ejecutivos de la industria minera y otras asociaciones, dedicada a promover el desarrollo sustentable. Reúne a 18 de las empresas mineras más importantes del globo –Newmont entre ellas- que emplean a cerca de 800 mil trabajadores en 58 países de todo el mundo, y están comprometidas con efectuar una producción responsable de los recursos minerales y metales que necesita la sociedad.

El objetivo del taller fue evaluar la guía de buenas prácticas propuesta por el ICMM para que las empresas del sector implementen sus procedimientos o mecanismos de reclamo a nivel local y cuenten con enfoques sistemáticos para la atención de las quejas que pudieran presentar las personas o grupos que se sientan afectados por nuestras actividades.

Durante el evento se habló de los beneficios de tener procedimientos de reclamos bien diseñados que sean predecibles, transparentes y confiables. Y se discutieron casos modelo de distintas empresas como Anglo American, BHP Billiton y Xstrata. Nosotros, Minera Yanacocha, estamos bastante adelantados en el tema, pues nuestra oficina de reclamos ya lleva nueve años de funcionamiento.

En el Perú, al igual que en el caso de nuestros principios voluntarios en seguridad y derechos humanos, en materia de reclamaciones Yanacocha lidera el sector con su Oficina de Atención al Público. Esta última ha atendido alrededor de cuatro mil reclamos desde su creación en el 2001 hasta la fecha, y los ha resuelto de acuerdo a su compromiso de responsabilidad social con la comunidad. La Oficina reporta al Vicepresidente de Newmont para sus operaciones en Sudamérica y atiende las consultas y los reclamos que cualquier poblador ó institución pudieran presentar en contra de la misma empresa minera, sus contratistas ó sus trabajadores en general.

Las consultas ó reclamos son atendidos personalmente, por teléfono, carta o e-mail, y pueden ser presentados con nombre o anónimamente. También se registran quejas “De oficio” en aquellos casos en que La Oficina toma conocimiento de algún hecho en el que nuestras operaciones ó las de nuestros contratistas, en el ejercicio de su contrato con Yanacocha, pudieran afectar de algún modo a la comunidad.

“Las quejas siempre son bienvenidas –dice el jefe de la Oficina de Atención al Público, Marcos Valdez-, si son auténticas entonces se convierten en oportunidades para corregir algo que se está haciendo mal. Si por el contrario no son legítimas ó se tratan de alguna confusión ó percepción distorsionada, entonces, también son oportunidades para aclarar cualquier mal entendido. La clave es que las quejas siempre generan oportunidades”.

La Oficina es una instancia de diálogo para ayudar a resolver los problemas de los trabajadores y de la comunidad con respecto a las actividades de Yanacocha. No es Juez, no es Fiscal, ni árbitro; sólo interviene con ánimo amical para contribuir a solucionar conflictos que de otra manera podrían terminar en instancias que resulten en costo de tiempo y dinero para las partes involucradas.

¿Es importante contar con una oficina de reclamos? Por supuesto. Con ella ponemos en práctica nuestros valores y cumplimos con nuestro Código de Ética y Conducta: “Actuar con integridad, confianza, respeto, honestidad y trabajo en equipo”. En lo que respecta al sector, La Oficina cumple con uno de los principios más importantes para el desarrollo de una gestión empresarial que contribuya al desarrollo sostenible de la región: “apoyar los derechos humanos fundamentales y respetar las culturas, las costumbres y los valores en la relación con los empleados y otros grupos (que pudieran verse) afectados por nuestras actividades”.

Esta claro que las quejas no se reciben para sancionar sino para corregir, y, que muchas de ellas, presentadas en su oportunidad, son comunicaciones eficaces que contribuyen a prevenir conflictos que nadie, ni nosotros, ni las autoridades, ni la comunidad, queremos atravesar. La atención de los reclamos contribuye a que nuestra gestión sea más valorada y respetada por la comunidad.

La oficina de Atención al Público está ubicada en la Vía de Evitamiento Sur 549 y cuenta con una línea telefónica gratuita: 0-800-1-2790. También se le puede contactar en teléfono 58-4000 (anexo 23760), celular 976-223760 y en su dirección de correo electrónico: marcos.valdez@newmont.com

sábado, 16 de octubre de 2010

Nuestros principios voluntarios

Seminario - Taller Principios Voluntarios de Seguridad y Derechos Humanos
Hotel Laguna Seca Baños del Inca - Cajamarca
Jueves 14 y viernes 15 de octubre de 2010

Cajamarca, 18 -10-10 Cincuenta personas, entre funcionarios mineros, autoridades policiales, miembros de las Fuerzas Armadas, organizaciones no gubernamentales (ONGs), autoridades locales, Universidades, Cámara de Comercio, Defensoría del Pueblo y presidentes de Rondas Campesinas, se reunieron el jueves y viernes de la semana pasada en el Hotel Laguna Seca para hablar, entre amigos y a calzón quitado, sobre un solo tema: el uso de la fuerza pública y privada en el marco de los Principios Voluntarios de Seguridad y los Derechos Humanos.

¿Cómo se come esto? Veamos. En el año 2000, un grupo de diálogo conformado por los gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido junto a algunas empresas extractivas y ONGs, conscientes de la necesidad de promover y proteger los derechos humanos en todo el mundo, desarrollaron una serie de principios voluntarios –un código de conducta- que le sirvieran de guía a las compañías para mantener la seguridad de sus operaciones en un marco que garantice el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales.

En buena cuenta se trata de que bajo dichos principios las empresas como Yanacocha deben asegurarse -para no ser cómplices ni siquiera por omisión- de que su fuerza de seguridad privada y la fuerza de seguridad pública, en el supuesto caso de que tuvieran que actuar en defensa de los derechos de la compañía, lo hagan respetando, a su vez, los derechos humanos de la otra parte en conflicto, cualquiera que ésta fuere y cualquiera que fuese el motivo que los enfrente.

Por supuesto, los Principios hacen hincapié en que el conflicto mejor manejado es aquel que nunca ocurre, y que la herramienta más importante para prevenirlo hasta dónde es posible, es la Evaluación de los Riesgos por los impactos de operación, económicos y culturales, a que pueden están sujetos la propia empresa, las contratistas, sus trabajadores y los vecinos de cualquier operación extractiva. Se trata de “hacer las cosas bien”.

Esto último no es una declaración lírica, sino, una necesaria visión de negocio que ha devenido como consecuencia del fenómeno de la globalización. En estos días es imposible pensar en el desarrollo de cualquier proyecto empresarial de envergadura que no tenga en cuenta la Seguridad y los Derechos Humanos como parte de su filosofía de Responsabilidad Social

Un dato interesante es que en el grupo de diálogo que se formó hace diez años, y en el cual había menos de diez empresas mineras, están tres compañías consideradas entre las más grandes del mundo que hoy también tienen operaciones en Cajamarca. Todas ellas estuvieron representadas por sus principales funcionarios de Seguridad y Responsabilidad Social en la reunión de Laguna Seca: Newmont, Anglo American y Río Tinto, además de la firma Goldfields.

El seminario fue organizado por la Dirección Regional de Seguridad de Newmont, a cargo de Lee Langston, y tuvo dos expositores de lujo. La introducción al tema y un paseo por la historia de cómo el hermano país de Colombia adoptó dichos principios en una realidad extremadamente difícil por la presencia de las guerrillas, estuvo a cargo de José Unda, ex Consejero para la Protección de la Infraestructura Petrolera, Minera y Energética en la Presidencia de la República de Colombia.

Los colombianos, por supuesto, saben muy bien de lo que hablan. Gracias a sus acertadas políticas nacionales en materia de seguridad y respeto a los Derechos Humanos pueden asegurar a los turistas de hoy que el riesgo más grande que corren al visitar su país: “Es que se quieran quedar”.

Por parte de Newmont y Yanacocha, el expositor y facilitador del taller fue nuestro especialista Senior en Derechos Humanos y encargado de temas de ética, Carlos Scerpella. El evento fue el segundo que se desarrolla en Cajamarca y en el país. El primero se realizó en octubre del año pasado y también fue organizado por la corporación Newmont. En esa oportunidad actuó como expositor el ex Ministro del Interior, Gino Costa.

“Hoy estamos dando un paso más en nuestro esfuerzo de incorporar los temas de Seguridad y Derechos Humanos en nuestra Cultura Empresarial”, dijo el vicepresidente de Newmont para Sudamérica Carlos Santa Cruz, al inició del seminario. Agregó que los colaboradores de nuestra corporación debemos proyectar estos valores mirando hacia el futuro y no sólo pensando en el Perú sino en un contexto más amplio pues Newmont ya tiene presencia en Surinam y en Haití.

Mis conclusiones del seminario son cinco:

Que es indispensable realizar constantemente evaluaciones de riesgo, de preferencia con todos los interesados, para proteger a las compañías y a sus vecinos de cualquier daño o percepción de daño que pudieran sufrir.

Que es indispensable mantener comunicados a los involucrados en cualquier operación -principalmente las comunidades aledañas- de las acciones planificadas por las empresas que de una u otra manera los pudieran afectar. Y que no basta con informar sino que es necesario hacer que las entiendan

Que cuando ocurren los conflictos es indispensable involucrar a las autoridades correspondientes en la solución de los mismos: por ejemplo al Comité de Seguridad Ciudadana de la que es presidente el Presidente Regional.

Que no existen las empresas perfectas, las fuerzas de seguridad, los Gobiernos, ni los escenarios perfectos, en materia de Principios Voluntarios en Seguridad y Derechos Humanos “hay que empezar con lo que se tiene”, no hay tiempo que perder. Newmont/Yanacocha están liderando este tema en nuestro país y éste es otro motivo de orgullo para los trabajadores de la corporación.

Y que los espacios de diálogo como el seminario realizado son lo más saludable para ventilar aquellos temas espinosos que involucran a distintos estamentos de la sociedad. Luego de miles de años en que el bicho humano camina sobre la faz de la tierra no se ha inventado nada mejor para prevenir y solucionar conflictos que: conversar.

lunes, 17 de mayo de 2010

Un saludo de Len

De derecha a izquierda: Tony Esplin, Len Harris, Jim Seidel (Newmont), Pedro Condori, Percy Zamora y Marcos Valdez

Nuestro apreciado y siempre recordado Leonard Harris, el “Tío Len”, primer gerente general de Yanacocha, nos visitó en abril. No lo veíamos por aquí desde hacia un par de años cuando llegó a la mina acompañado de un grupo de mineros mexicanos. En esta oportunidad, en cambio, vino con un colega peruano para mostrarle la operación y nuestro magnifico trabajo. Len arribó solo en el vuelo del jueves 15 por la tarde mientras su compañero optó por el cansador recorrido de catorce horas por tierra desde Lima, llegar a Cajamarca al día siguiente y subir juntos en camioneta hasta el mirador ubicado a cuatro mil metros de altitud. Todo un viaje.

Probablemente, su acompañante como yo y otros millones de personas, temía volar. Miedo que, valgan verdades, y aun en pleno siglo XXI, es la cosa más natural del mundo. Basta dar un vistazo a las encuestas para confirmarlo: sólo el cinco por ciento de los pasajeros que surcan diariamente los cielos de nuestro planeta no sienten temor alguno a viajar en avión. La verdad, le dije la semana pasada a Ricardo Morel, nuestro ex gerente de Asuntos Externos -hoy un alto funcionario de Anglo American- en una conversación de amigos, es que todos tememos volar, pero, mientras la mayoría calla, otros no tenemos ningún reparo en decirlo. “Es que en ese sentido, tú ya has salido del closet, mi estimado Marcos. Como Ricky Martin, igualito.”, me respondió Ricardo. Eso es lo que saca uno por andar contando sus sentimientos: que lo comparen con el de “la vida loca”… y en su presencia. Será por aquello de que: “a los amigos se les apuñala de frente”.

Pero es cierto, en mayor o menor grado nos pasa a todos, y cada uno esconde su miedo de la forma que le parece. Un famoso periodista colombiano, que además tiene fama de ser muy macho, decía que cada vez que vuela se agarra con tanta fuerza del asiento que al poco rato de despegar se le entumecen los dedos de la mano. “No es tanto por temor a que el avión se caiga –explica el hombre de prensa- sino para ayudar a que el aparato se mantenga en el aire”. Explicaciones que uno inventa.

No obstante, lo que probablemente no sabía el compañero de nuestro buen amigo es que viajar con él es una garantía de seguridad estadística: el tío Len es un sobreviviente, ha sufrido dos accidentes de avión durante toda su vida y no es probable que tenga un tercero. Las posibilidades de tener un accidente de avión, para una persona común y corriente, dicen los entendidos, es de una entre cinco millones y una persona tendría que volar el equivalente a dar 500 mil vueltas a la Tierra antes de sufrir un accidente aéreo. Es bueno saberlo.

Al tío Len se le ve y él dice que está muy bien. Sin embargo, en octubre lo volverán a operar de una lesión en el hombro que lo obliga a llevar una prótesis de titanio desde hace varios años, y que -cuenta Len de lo más divertido- hace saltar las alarmas de detección de metales en todos los aeropuertos. En una etapa de la vida en que la mayoría de las personas prefiere gozar de la tranquilidad de un merecido retiro, nuestro amigo es un trabajador infatigable y un viajero desafiante que pasa la mayor parte del año fuera de su casa, en Denver, asesorando empresas mineras por todo el mundo y en especial promocionando la actividad minera en el Perú.

Es paradójico, mientras muchos peruanos -algunos mineros incluso- ponen su empeño en acabar con esta maravillosa fuente de trabajo y riqueza en el país, y en especial en Cajamarca, algunos extranjeros que nos quieren más que nosotros mismos, se esfuerzan generosamente en sacarla adelante.

“Es por esa entrega, por la calidad de gente y por lo estupenda persona que es Len Harris, que todos los que lo conocemos lo queremos bien y lo recordamos siempre”, le dije un día a nuestro gerente de operaciones Tony Esplín, cuando le contaba sobre los inicios de Yanacocha. Tony me escuchó con atención y al final me dio su razón definitiva: “Len es así porque es australiano… igual que yo”. La verdad, no sé si sea por ser australiano, pero, al igual que Len, basta con escucharlo hablar de su esposa, de su pequeña hija Gabriela y de su segundo hijo que nacerá muy pronto, para darse cuenta, inmediatamente, de que Tony también es un gran tipo.

La visita de Len fue muy corta, sólo se quedó un día completo. En esta ocasión tuve la oportunidad de verlo y de aceptar su invitación a cenar una deliciosa trucha en el hotel Laguna seca en compañía de otros dos Yanasaurios: Pedro Condori y Percy Zamora. Además, recibí el grato encargo que cumplo con esta nota, de hacer llegar el saludo de nuestro querido Len Harris a todos sus buenos amigos y ex compañeros de trabajo.

viernes, 26 de febrero de 2010

La cocina de mamá



La respuesta siempre ha sido y será la misma. No importa a quién se le pregunte. Todos responden, invariablemente, que el mejor arroz con pollo del mundo, la papa a la huancaína más sabrosa o esos fréjoles con seco de antología, son los que prepara o preparaba su mamá. Invariablemente también, todos tienen razón. Nada se nos graba en la memoria del gusto, a fuego y para toda la vida, como la cocina de mamá.

Es cierto. Cuando evoco los años de mi niñez lo primero que me viene a la cabeza, el corazón y el paladar son, como dice el himno de los setenta de esa vieja banda argentina de rock, Sui Generis: “Los guisos de madre, los postres de abuela y las torres de caramelo”. Es increíble que a través de los años los sabores del hogar se mantengan intactos en la memoria, con la sutil y enorme diferencia a la vez, de los mismos platos preparados en cualquier otro lugar. Hasta el pan con mantequilla y el café con leche que me servían en casa tenían un sabor distinto y especial.

Lo mismo le ocurre a los emigrantes de cualquier país y en especial a toda esa generación nuestra de jóvenes que se fueron del Perú de los setenta y ochenta en busca del buen futuro que no se vislumbraba ni de lejos por estos lares, y que hoy viven desperdigados por el mundo entero. Cuando se les pregunta qué es lo que más extrañan de su tierra natal, ellos contestan, con cariño: “mi comida”. No son los paisajes, ni los amigos, ni las costumbres, ni el amor que dejaron atrás. El recuerdo más entrañable para aquellos que están lejos de casa es la comida y más aún: la comida de mamá.

Pero ese recuerdo no llega solo, con él vienen la vajilla, las ollas, la habitación y por supuesto, la cocina misma –yo recuerdo nítidamente el color de las llamas y hasta el sonido de la cocina Cuba a gas de kerosene que teníamos en casa. Ese artefacto que es capaz de hervir, cocer, freír, asar o fundir los alimentos y que ha sido el mudo testigo de millones de historias que se tejen entre los miembros de familias enteras, generación tras generación. Porque nuestras vidas transcurren, día a día, entre el desayuno, el almuerzo y la cena, a un costado o alrededor de la cocina de cada una de nuestras casas. Hay quien asegura, con convicción de poeta, que la cocina, la habitación y el artefacto, todo el conjunto, “Es un asunto sentimental”. Tiene razón.

El tema viene a cuento por las primeras treinta y cuatro cocinas mejoradas, de las ciento cincuenta y uno que ya tenemos listas, y que los trabajadores de Yanacocha entregamos a nuestros vecinos de La Ramada el jueves pasado (el viernes entregamos setenta y cinco más en Manzanas Alto), en una sencilla ceremonia en la que participó una delegación de compañeros, nuestro Vicepresidente Regional de Operaciones de Newmont para Sudamérica, Carlos Santa Cruz, los miembros de la Secretaría Técnica del programa y los mismos beneficiarios.

Es sorprendente el recibimiento de la población –comentó una compañera de trabajo. Nuestros vecinos están verdaderamente agradecidos por las cocinas y más por el voluntariado de los trabajadores. “Yo me sorprendí cuando hace unos meses me operaron y no sé cómo se enteraron, pero me fueron a visitar a mi casa. Gracias a este programa, ahora ellos ya son como de mi familia”, agregó.

Efectivamente, de todas las intervenciones durante la ceremonia, las palabras que quizá reflejaron mejor el espíritu con el que llevamos adelante nuestro ambicioso proyecto de construir un mil cocinas mejoradas, fue el de una madre de familia quien dijo, emocionada: “Lo mejor de todo, es la hermosa relación de amistad y armonía que ha florecido entre los vecinos y los trabajadores de la mina y sus familias”.

Para mí, cuando hablamos de donar nuestros aportes y nuestro tiempo para construir cocinas mejoradas, en realidad estamos hablando de fomentar varias cosas: la salud de las personas, oportunidades de desarrollo para más niños peruanos, el amor por la familia, y, estoy seguro, miles y miles de historias y buenos recuerdos que vivirán por siempre en las mentes y los corazones de nuestros vecinos beneficiarios que, en su tiempo, evocarán con el mismo amor y la nostalgia que nosotros: “La cocina de mamá”.